Reseña a “La cueva de Mari” de Búho

Sinopsis

«Una novela repleta de leyendas y mitología vasca»
A Iker Ibarguren parece perseguirle la mala suerte. El “asesino de la flor”, es el autor del único expediente que ha dejado abierto y sin poder resolver en toda su carrera.
Llevado por su celo profesional, pierde los papeles en un interrogatorio; lo que se traduce en una suspensión de empleo y sueldo durante seis meses.
Cuando Iker se traslada a Getxo, los crímenes reaparecen de nuevo.
La pesadilla parece continuar y, esta vez, se sentirá acorralado y sin escapatoria.

Resumen y opinión personal

Iker Ibarguren es un suboficial de policía que, suspendido de empleo y sueldo al cometer una infracción, ha tenido que vender su céntrico piso en Donosti para mudarse a un hangar heredado de los padres de su mujer, Maitane.
Mientras Iker está desesperado por recuperar su empleo, Maitane sigue manteniendo su trabajo en el hospital universitario de Cruces.
Una mañana, tras llevar varios días con insomnio, está esperando a que su mujer vuelva del turno de noche cuando recibe la llamada del suboficial Gonzalo Etxanix.
Este le da la noticia de que han encontrado en el bosque el cadáver de una adolescente. El cuerpo ha aparecido en las mismas circunstancias que otra chica de un caso anterior que llevaba Iker antes de ser suspendido y del que nunca encontraron al culpable.
Etxanix pide su ayuda y él, sin pensárselo dos veces, acude a la escena del crimen sin aclararle que está suspendido y que no debería involucrarse.
Iker no puede creer que la manera en la que han encontrado el cadáver sea la misma que su anterior caso. Las similitudes son concluyentes, es el mismo asesino.

Cueva de Amboto

Haizea López, bajo el seudónimo “Búho”, es una autora getxotarra que lleva más de doce años escribiendo historias y tiene más de cincuenta novelas publicadas.
He de decir que no suelo leer libros sobre asesinatos porque no es mi género preferido. La única razón es que empatizo demasiado con las víctimas y la frustración de los investigadores que trabajan sin descanso por encontrar al culpable. Me alegra poder contaros que esta novela me ha sorprendido para bien.
“La cueva de Mari” es un libro autoconclusivo con una lectura fluida y sencilla. Desde la primera página puedes sentir la frustración del personaje de Iker y su necesidad de volver a una vida que parece que va a tardar en recuperar por haber incumplido su deber como policía, extralimitarse con un sospechoso.
Te voy a mantener en vilo pensando qué pasará porque merece la pena sufrir con Iker el proceso de buscar al asesino de esas adolescentes. Contarte la historia en su totalidad es algo que no voy a hacer, prefiero que la descubras tú mismo como yo lo he hecho.
Me ha encantado recorrer con la autora la zona que describe en el libro así como descubrir la leyenda de Mari. Una divinidad de la mitología vasca precristiana, de carácter femenino, que habita en todas las cumbres de las montañas de la zona. Recibe un nombre por cada montaña, siendo la más importante de sus moradas la cueva de la cara este del Amboto, a la que se conoce como la «Cueva de Mari».
No había oído hablar de esta leyenda y me ha sorprendido gratamente que se haya contado en este libro. Me parece muy importante que no se pierda este legado cultural. En España tenemos cientos y cientos de leyendas y ha sido muy interesante conocer una nueva.
Os animo a comprar el libro y a descubrir todos los secretos que oculta la historia.

Sed felices y os espero la semana que viene.


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A mi madre

Mi madre, Josefa Fuentes, fue una mujer maravillosa. Nació en 1941 y hoy, 31 de mayo, sería su cumpleaños. Hoy hubiera cumplido ochenta años.

No quiero escribir este artículo con tristeza, aunque la eche de menos todos los días desde que se fue. No, este artículo es para recordarla como lo que era: una mujer excepcional que puso demasiadas veces, por no decir todas, las necesidades de los demás muy por encima de las suyas.

Su amor por su familia, dedicación y fuerza de espíritu eran lo que mejor la definían, pero no lo único.

En cierto modo todos somos un reflejo de nuestros padres; a veces más, a veces menos. Yo tengo la gran suerte de poseer al menos uno de sus muchos rasgos excepcionales, el tesón para conseguir lo que quiero respetando a las personas que están a mi lado.

De su capacidad para poder hacer mil cosas a la vez he heredado algo. Aunque reconozco que no sé cómo podía cocinar para siete personas, tener siempre la casa impoluta y, aún así, mantener esa preciosa sonrisa en su cara pese a los múltiples quebraderos de cabeza que, en muchas ocasiones, éramos mis dos hermanas y yo para ella.

Mi madre me enseñó a cumplir sueños, a leer historias, a creer que podía hacer lo que quisiera por el simple hecho de que lo merecía.

Hizo algo tremendamente complicado que aún, hoy en día, me admiro al reconocerlo. Nos quiso a todas por igual, consiguió que mis hermanas y yo fuéramos una piña. Jamás sentimos celos ni envidia las unas por las otras. Todas éramos sus “preferidas”, y siempre consiguió de nosotras una sonrisa, un beso y un abrazo. A todas nos quería por igual y fomentó en nosotras que consiguiéramos nuestros sueños.

Desearía que hoy estuviera aquí viendo cómo estoy cerca de lograr el mío. Publicar mi primer libro.

Me encantaría que hubiera disfrutado de cada frase que he escrito, que hubiera podido compartir conmigo las vicisitudes de mis personajes y, seguramente, discutido por cambiar alguna escena o incluso algún diálogo. Pero sé que estaba allí, acompañándome cada minuto frente a mi ordenador, riendo y llorando conmigo en cada página, en cada momento.

Cuando cierro los ojos la veo sentada en su sofá preferido, contando alguna historia pasada y riendo a carcajadas recordando alguna de nuestras travesuras. Sobre todo, sobre mí, un pequeño trasto que de bebé no había botón, garbanzo crudo o cualquier cosa que cayera en mis manos que no fuese directamente a mi boca. Por supuesto, ella como buena madre, se pasaba el día dándome cucharadas de aceite para que saliera todo lo que yo había decido ingerir sin su consentimiento. No puedo dejar de sonreír al recordar su risa contando esos momentos de nuestras vidas.

Mi madre era una persona feliz, con una fe absoluta en Dios y generosa hasta llegar a la exageración. Cosía como los ángeles y podía arreglar cualquier cosa en un tiempo récord. Ni que decir tiene que era una cocinera extraordinaria y que echo de menos todos sus guisos y, sobre todo, su paella y gazpacho. Nadie los sabía hacer como ella.

Doy gracias por haber tenido el privilegio de ser su hija, de haber sentido su amor y su protección. Su pasión y amor por todo ha hecho de mí lo que soy, una escritora romántica enamorada de su marido y de su profesión.

Hoy es tu cumpleaños y sé que estás con nosotras, aunque un poquito más lejos de lo que deseamos las tres.

Sabes que te quiero con toda mi alma y también que algún día volveremos a vernos.

Para ti, mamá.

Te quiero.

Sed felices y os espero la semana que viene.


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Microrrelato “Miracles”

Hoy me apetece compartir un microrrelato que envié a concurso. No gané, pero disfruté muchísimo escribiéndolo en un tiempo récord de solo tres horas.

Espero que os guste. Solo es un esbozo de la historia puesto que no podía superar un número determinado de palabras, exactamente 2448.

Me encantaría conocer vuestra opinión en la sección de comentarios.

Os dejo con la historia de Hanna e Ethan:

Hanna se despertó y parpadeó despacio. Todavía era de noche. Cogió el móvil de la mesita y, al desbloquear la pantalla, vio que aún no era hora de levantarse; pero su impaciencia tenía otros planes.
Los minutos pasaron lentos y rápidos al mismo tiempo, mientras cientos de pensamientos se colaban en su mente sin ningún orden. La alarma para empezar el día la devolvió al momento presente. Volvió a coger el móvil y apagó ese tintineo suave de campanas.
«Las siete de la mañana… Me pregunto si vendrá… Por favor, que venga… que venga», dijo para sí.
Nada apuntaba a lo contrario. Sin embargo, las mariposas en su estómago parecían haber tomado las riendas de la situación y lo único que pudo hacer, fue exhalar una enorme bocanada de aire para dejar de sentirse como una quinceañera.
Apartó el edredón de una patada, pero se quedó mirando al techo madurando cómo conseguiría que no se notase que se había encaprichado de un hombre que no conocía.
«¡Basta de tonterías y vete a la ducha!», se dijo regañándose a sí misma.
Terminó de vestirse y maquillarse. Cogió su bolso y salió de casa hacia el Starbucks que estaba camino al teatro. Compró cafés para todos y llegó a la entrada.
―Buenos días, Ben ―dijo al portero.
―Buenos días, Hanna. Hoy has llegado antes de la hora.
―Sí, tengo muchas cosas que hacer ―se excusó con una gran sonrisa.
«Sí, como vigilar la cola a ver si lo veo…», pensó con algo de vergüenza.
―¡Qué tengas buen día! ―concluyó Ben.
―Lo mismo te deseo.
Hanna entró en el teatro y se dirigió hacia la zona de camerinos donde estaba el despacho del director de la obra, Damian Miller. Tocó la puerta con los nudillos haciendo malabares con las bolsas llenas de cafés.
―¡Adelante! ―se oyó detrás de la puerta.
Con una habilidad adquirida tras varios años, la abrió con el codo sin tirar ni una gota del preciado líquido.
―Buenos días, señor Miller.
―Buenos días, Hanna. ¡Eres un sol! Gracias por traerme el café ―dijo cogiendo el envase de manos de su ayudante.
Ella sonrió como cada mañana.
―Le he traído un sándwich y una galleta con pepitas de chocolate ―esto último lo dijo bajando la voz.
―¡Eres malvada! ―respondió Miller con los ojos golosos mientras ella le daba lo prometido. Guardó la galleta en el primer cajón de su escritorio para ocultar el cuerpo del delito.
―Pero me quiere…
―¡Cómo lo sabes! ―respondió mientras le daba un gran mordisco a esa delicia y lo atesoraba de nuevo en el cajón.
―¿Ha decidido quién va a hacer de protagonista masculino? ―preguntó ella mientras se sentaba al otro lado de la mesa y tomaba el primer sorbo de su café.
―Aún no me he decidido, pero hoy va a ser un día muy largo.
―¿Cuál es el recuento final?
―Cuarenta y ocho. Ya no tenemos más tiempo; así que o lo encontramos hoy, ¡o te pongo un bigote y haces tú el papel!
Ambos se echaron a reír cuando alguien llamó a la puerta. Entró sin esperar respuesta.
―¡Buenos días!
«Buenos días, señora Jackson», respondieron los dos.
Hanna se levantó y rebuscó en la bolsa.
―Su té, señora Jackson.
―Sabes que te quiero horrores, ¿verdad, Hanna? ―dijo la productora y copropietaria del teatro Miracles.
―Lo sé, y yo a usted ―respondió Hanna regalándole una de sus mejores sonrisas.
―Bueno, Damian, debemos elegir hoy al protagonista porque tenemos que empezar en dos semanas los ensayos. Estrenamos en dos meses y no podemos alargarlo más.
―Lo sé, señora Jackson. Hoy es el último día de casting. Son cuarenta y ocho candidatos, empezamos a las nueve. Crucemos los dedos para que lo encontremos pronto.
―Eso espero ―puntualizó la productora.
Miller asintió varias veces y después se dirigió a Hanna:
―¿Tienes el listado?
―Sí, señor Miller.
―Bien, al lío. Ve llamándolos por orden de llegada y dales un número para que Ben los haga pasar.
―De acuerdo. Buenos días ―se despidió ella cogiendo su bolso y sacando la carpeta con la lista indicada.
Se dirigió a la entrada y la cola que parecía haberse formado en un instante, le pareció kilométrica.
Uno a uno fue confirmando los nombres y dando una pegatina con el número asignado para poder identificarlos.
Las mariposas comenzaron a revolotear de nuevo en su estómago porque estaba repasando a cada uno de los actores guapísimos que conformaban esa fila.
«No lo veo», se dijo nerviosa.
Sabía que tenía que estar allí. Esa era una oportunidad única en la vida. Formar parte del elenco para representar “El sueño de una noche de verano” de William Shakespeare en Broadway era la meta de muchos actores de teatro.
Miró con detenimiento y lo vio. Tragó despacio y sonrió para sí al verlo. Era el 48 de la fila, ella lo sabía. Sabía que se presentaría.
Mientras Ben los hacía pasar de cinco en cinco, ella seguía confirmando la asistencia. Por fin, llegó al último. Se detuvo con elegancia delante de él y con profesionalidad, le preguntó:
―¿Su nombre?
―Ethan Shaw.
―Bien, señor Shaw. Aquí tiene su número. Mi compañero Ben le hará pasar cuando llegue su turno.
―Me parece bien ―respondió él mirándola con algo más de intensidad de lo que el momento propiciaba. Ella asintió una vez. Iba a darse la vuelta para volver dentro del teatro cuando él le preguntó―: ¿No olvidas algo?
Ella se giró y lo miró extrañada.
―¿Olvidar?
―No me has dicho tu nombre y tú ya sabes el mío.
―Mi nombre, señor Shaw, es Hanna. ¿Algo más que desee saber? ―respondió ella algo molesta porque la estaba tuteando y aún no se lo había permitido… aún.
―Por ahora no, cuando termine la prueba.
Ella lo miró está vez con confianza. Levantó con sutileza la comisura de su labio y dijo:
―Ya veremos.
Se dio la vuelta y lo dejó con la palabra en la boca porque sabía que su comentario daría pie a otra respuesta ingeniosa. Como no era el momento ni el lugar para seguir con ese juego, entró en el teatro sintiéndose vencedora del primer asalto.

William Shakespeare Theatre, London.


Las horas posteriores pasaron muy lentas. Ella tomaba nota de todo lo que le decía el señor Miller sobre la actuación de los aspirantes. Algunos eran desechados al instante, otros quedaban en el limbo de la posibilidad de ser elegidos. Tan solo dos de ellos habían dado la talla para poder representar el papel, hasta que le tocó el turno al señor Shaw.
Hanna miró la hora en su móvil, las diez menos cuarto. Llevaban allí todo el día, incluso habían comido en el teatro entre prueba y prueba.
Ethan llegó hasta la mitad del escenario, dijo su nombre y número. Representó la escena solicitada sin necesidad de leerla, la sabía de memoria.
Cabe destacar que fue el mejor de todos. Miller y la productora se miraron y sonrieron. Hablaron unas palabras que Hanna oyó a la perfección y sonrió muy satisfecha.
―Bien, señor Shaw. Nos ha impresionado la ejecución de la escena. ¿Podría coger el guion y leer la que aparece en la página cuarenta y ocho? ―preguntó el director.
Él asintió una vez y sacó el guion doblado del bolsillo trasero de su pantalón. Buscó la escena y comenzó a hablar hasta completarla sin mirar una sola vez el texto.
Jackson y Miller se miraron satisfechos y este último dijo:
―Bienvenido al Miracles, señor Shaw. El papel es suyo.
―¿Lo dice en serio? ―preguntó Ethan incrédulo.
―Yo siempre hablo en serio. Ben, acompáñalo a mi despacho que ahora vamos nosotros ―dijo Miller.
El portero llevaba a Ethan adonde le habían pedido mientras ellos tres se quedaban un momento en la platea.
―Es buenísimo, ¿no le parece? ―preguntó Miller a la productora.
―Me ha encantado. Su capacidad de mimetización con el personaje ha sido perfecta. Pero lo que más me ha impresionado es que ya se sabía el papel de memoria ―respondió Jackson―. Venga, Hanna, danos tu opinión.
―Ha sido el mejor de todos con diferencia ―dijo ella intentando disimular su clara predilección hacia él.
―¡Estupendo! ―concluyó Miller―. Vamos a hablar con él y mañana será otro día. Hanna, deja todo como está y vete a casa; nosotros nos iremos después.
―De acuerdo. Buenas noches ―dijo recogiendo su carpeta y su bolso.
Fue hacia la salida sintiéndose pletórica puesto que habían elegido al protagonista de sus pensamientos en las últimas semanas.
Rebuscó en su bolso y no encontró su móvil. Debía de habérsele caído al suelo. Volvió a entrar y fue hacia donde había permanecido todo el día. Allí estaba, debajo del asiento delantero. Lo cogió y respiró tranquila cuando comprobó que funcionaba.
Salió decidida a pasar por la trattoria, que quedaba cerca de su casa, para pedir algo de comida cuando al despedirse de Ben, vio que el señor Shaw estaba esperando en la calle.
Se miraron y sonrieron por acto reflejo.
―Te estaba esperando ―dijo Ethan.
―Aún no le he dado permiso para que me tutee, señor Shaw ―respondió ella dibujando media sonrisa, pero decidida a que se lo preguntara.
―Bien, Hanna, ¿me dejas que te tutee y después te invite a cenar?
―¿A cenar?
―Me muero de hambre, no he comido nada en todo el día. Te recuerdo que era el número cuarenta y ocho.
―Pero la espera ha merecido la pena. Ha conseguido el papel.
―No me has contestado a ninguna de las dos preguntas y tutéame, por favor ―pidió él.
―Sí y… sí.
Ethan asintió solo una vez y le ofreció la mano sin darse tiempo para pensarlo.
Hanna miró asombrada cómo ella se la aceptaba y comenzaron a caminar.
―Bueno, Hanna. Eres la asistente de Damian, ¿qué tal es como jefe?
―¿Damian? ¿También lo tuteas a él? ―preguntó ella con curiosidad.
―Desde que era niño… Mi abuelo es copropietario del teatro, y la señora Jackson… Bueno, tía Evelyn es un hueso duro de roer, pero al final me ha dejado hacer la prueba.
Hanna se detuvo y le soltó la mano.
―Espera… ¡eres Ethan Miracles, no Shaw! ―dijo subiendo la voz.
―Shaw es mi pseudónimo. Pero, sí, soy quien dices.
―¿Esto qué era? ―preguntó señalando a ambos con su mano―. ¿Una broma? ¿Quería seducir a la estúpida asistente que se había quedado prendada por sus encantos?
―¿Qué? ¡No! Te he pedido cenar porque me has gustado y eso es lo que se hace cuando te gusta una persona, le pides una cita.
―Pues la nuestra ya ha terminado ―dijo ella mientras se daba la vuelta.
―¡Espera! ―pidió sujetándola con delicadeza del brazo.
―¿Se puede saber qué quieres? ¡No puedo salir con el nieto del propietario! ―se quejó ella subiendo la voz un poco más de lo que pretendía.
―¿Y por qué no?
―¿Qué me va a pasar si algo sale mal entre nosotros? Tú seguirás siendo parte de esto y yo tendré que buscarme otro trabajo. Eso no va a pasar. Adoro el teatro y mi vida tal y como está. Además, lo que no entiendo es cómo no te he visto nunca antes por aquí. Si el teatro es de su familia, ¿cómo es que no has venido nunca?
―Terminé mi estudios en la Academia de Arte Dramático y llevo unos tres años representando distintos papeles en teatros por todo el país. Quería tener experiencia y bastantes tablas antes de optar por un papel aquí. No quería que me regalaran nada. ¿Acaso te ha parecido mala mi actuación? ―respondió él algo molesto.
―Ha sido la mejor de todas… ―dijo ella mientras aceptaba sus propias palabras.
―Entonces, ¿cenamos? Me muero de hambre, de verdad.
―No. Lo siento. Buenas noches, señor Miracles.
Hanna se dio la vuelta y lo dejó allí solo en mitad de la calle. Anduvo lo más rápido que pudo hasta coger el metro para llegar a su casa.
Solo cuando entró y cerró la puerta, se permitió llorar en silencio porque sus esperanzas se habían ido al traste. Él era, en cierto modo, el heredero del teatro y ellos nunca podrían llegar a nada más.
Los días de ensayo pasaron lentos e insoportables. Miller gritaba ante cualquier mínimo fallo e Ethan la torturaba mirándola sin cesar en cuanto tenía ocasión. No habían vuelto a hablar nada más allá de lo estrictamente necesario y su mente no dejaba de pensar que esa situación no podría mantenerla mucho más.
No había podido olvidar lo que sentía por ese hombre que parecía inmune a cualquier coqueteo del elenco femenino. La estudiaba con descaro y mientras cualquier chica le hablaba, él hacía todo lo posible para mirarla y sonreír a propósito.
Por fin llegó la noche del estreno. Como todos deseaban, el teatro estaba a rebosar y la representación fue un éxito rotundo.
Al terminar la actuación, los camerinos se llenaron de periodistas y bloggers. Todos ávidos de conseguir una exclusiva para subir a las redes en un tiempo récord.
Llegó la hora del cierre y Hanna estaba exhausta. Entró en el despacho con Miller y se quitó los zapatos.
―Disculpe, señor Miller, tengo los pies destrozados ―dijo mientras veía una terrible ampolla en la doblez posterior de su tobillo.
―¡Válgame, Dios! Criatura, pero ¿te has hecho? ¿Tienes otros zapatos para volver a casa? ―preguntó su jefe al ver el estado de su asistente.
―Sí, en el bolso traigo unas zapatillas de deporte.
―Tengo que irme ya, Hanna. ¿Necesitas que te ayude?
―Gracias, señor Miller. No hace falta. Ahora cojo del botiquín lo necesario y me voy a casa.
―Bueno, cuídate y mañana vente con zapatos planos. ¡Es una orden! ―dijo Miller con cariño.
―Gracias, eso haré.
Miller salió dejando la puerta del despacho abierta mientras Hanna, descalza, iba hacia el botiquín. Cogió lo necesario para desinfectar y proteger la herida abierta.
En el instante que tenía todo el material necesario para curarse, pasó Ethan y la vio.
―¿Qué te ha pasado? ―preguntó preocupado al verla con el botiquín.
―He sido derrotada por unos tacones ―respondió mostrando su tobillo.
―¡Por el amor de Dios! Deja, yo te curo.
―No hace falta…
―No voy a ir a ningún sitio. Yo te curo ―insistió él.
Con una destreza que sorprendió a Hanna, desinfectó la herida y la tapó con un apósito.
―Gracias…
―De nada…
Se miraron y eso fue suficiente.
Ethan la sujetó por el óvalo de la cara y la besó como si llevara una vida esperando a poder hacerlo.
―Ethan…
―Miracles. Sí, soy Ethan Miracles y no pienso dejarte escapar porque te quiero y quiero conocerte para poder pasar el resto de mi vida contigo.
Hanna sonrió porque sabía que no podía ser de otro modo.
―De acuerdo. Ahora llévame a cenar, que me muero de hambre.
Y con un dulce beso sellaron el comienzo de su historia de amor.

¿Qué os ha parecido? Me encantará leer vuestros comentarios.

Sed felices y os espero la semana que viene.


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Reseña a “El duque y yo” de Julia Quinn

Sinopsis:

Todos parecían divertirse en aquel baile que reunía a lo más selecto de la sociedad londinense.

Todos, excepto ellos dos. Daphne, una hermosa joven agobiada por su madre, y Simon, el huraño nuevo duque de Hastings, tenían el mismo problema: la continua presión para que encontraran pareja. Al conocerse, se les ocurrió el plan perfecto: fingir un compromiso que los liberara de más agobios. Pero no sería sencillo, ya que el hermano de Daphne, amigo de Simon, no es fácil de engañar, ni tampoco lo son las avezadas damas de la alta sociedad. Aunque lo que complicará de verdad las cosas será la aparición de un elemento que no estaba previsto en este juego a dos bandas: el amor.

El duque y yo es la primera entrega de una saga de ocho libros que trata sobre la familia Bridgerton y las futuras relaciones de cada uno de ellos.

El libro parte de la relación cordial entre el duque y la duquesa de Hastings y su desesperación por tener un heredero. La vida del fruto de sus múltiples intentos, Simon, queda marcada al morir su madre dándole a luz y recibiendo el desprecio de su padre en cada ocasión que lo visitaba.

El resto de capítulos comienza un divertido cotilleo de manos de Lady Whistledown en su Revista de Sociedad. No hay situación o personaje de la alta sociedad que escape de su crítica mordaz aunque no le falta a veces razón.

La primera va directamente sobre de la prolífica familia Bridgerton y sus apuestos hijos, nombrados en orden alfabético de forma banal y sobre el parecido que había entre ellos.

Hay que reconocer que la vida descrita de las damas de la alta sociedad en estos libros es demasiado cuadriculada. Además, su educación era tan estricta que no podían hacer otra cosa que leer, bordar y tocar el pianoforte.

Toquemos el tema del matrimonio y de lo mucho que sufrían aquellas damas presentadas en sociedad en busca y captura del mejor partido. En este espectro encontramos el perfecto ejemplo en Dafne Bridgerton. Una dama de noble cuna agobiada por su madre para que contraiga matrimonio lo antes posible, aunque ella sigue esperando un marido que encaje en un perfil adecuado a sus anhelos.

Su puesta en sociedad el año anterior no obtuvo los frutos deseados y cuando arranca la nueva temporada, se ve soltera y muy lejos de conseguir un marido de una edad y aspecto adecuado a lo que ella aspira. Es cierto que ha tenido algunas propuestas de matrimonio; sin embargo, ninguna la ha conmovido lo suficiente como para dejar su amado hogar familiar.

Contra sus expectativas del marido perfecto, Nigel Berbrooke, no deja de insistir a Dafne para que acepte su proposición de matrimonio. Esto provoca un encuentro fortuito con Simon, duque de Hastings.

Entre ellos nace una inesperada alianza que consiste, nada más y nada menos, en fingir un supuesto acercamiento que se supone que va a derivar en una propuesta de matrimonio en firme. De este modo, Dafne podrá descansar de las continuas exigencias de su madre para que encuentre un marido, y Simon dejará de ser el objetivo directo de las ansiosas madres para que elija a cualquiera de sus hijas como esposa.

Ese plan, que ha nacido de una manera curiosa y espontánea, deja de lado algo fundamental que supone intrínseco en su fingida relación, el amor. Tan solo es un fingimiento para causar curiosidad en los pretendientes de la temporada hacia una Dafne ciertamente descartada por no ser tratada como lo que es, una mujer preparada para el matrimonio.

El hermano mayor de Dafne y amigo de Simon, Anthony, prohíbe cualquier tipo de proximidad de esa naturaleza entre ambos, lo que los obliga a revelarle el pacto que han hecho y sus intenciones con él. Encontrar un buen marido para Dafne y que a él lo dejen tranquilo.

Simon, por su parte, libra su propia batalla por haber tenido una infancia terrible. Su padre lo despreció desde pequeño por ser incapaz de hablar y negó hasta su existencia. Para demostrarle su valía, superó su impedimento y se juró a sí mismo acabar con el legado de Hastings prohibiéndose la posibilidad de casarse y engendrar un heredero.

Los planes son una cosa y la vida es otra. Las numerosas conversaciones entre Dafne y Simon debido a su relación fingida, los lleva a una amistad que parece rozar algo más. Ambos saben que solo debe ser una puesta en escena, aunque la fuerte atracción que comienzan a tener el uno por el otro no deja duda de que entre ambos la amistad ya no es suficiente.  

Adoro esta época. La sociedad londinense de principios del siglo XIX es una de mis favoritas para leer historias románticas.

Quizás sea por la elegancia de los vestidos, los sombreros, la educación estricta que conlleva al más austero secretismo… Por supuesto, todo es hipocresía llevada a un grado superlativo, lo sé; pero es muy entretenida y despierta en mi imaginación escenas increíbles tomando el té de la tarde en Hyde Park, o incluso en Regent’s Park rodeada de miles de rosas de distintos colores y olores.

La narración del libro me ha parecido muy fresca, divertida y, además, muy sencilla de leer.

El estilo romántico de la autora me ha cautivado. Es agradable y dulce. Los personajes tienen reacciones bastante reales y los diálogos son muy ingeniosos.  

La autora consigue lo que pretende, entretener con la historia y dejarte con lo que más me gusta al cerrar un libro: una gran sonrisa y ganas de leer el siguiente.

Ni que decir tiene que ya me he comprado cinco libros más, el resto estaba agotado por el momento. Cuando los lea, los iré reseñando sin dar demasiadas pistas. Solo lo necesario para que os decidáis a comprarlos y a leerlos con ilusión.

Si os decidís a adquirirlos, os recomiendo esta librería malagueña que ha sufrido un incendio hace pocos días y han perdido más de cien mil ejemplares en papel. No tengo ningún acuerdo con ellos ni nada, solo es que llevo yendo desde que tenía seis años y se me ha partido el corazón al ver el destrozo producido por el fuego y el trabajo inevitable de los bomberos.

https://www.libreriaproteo.com/

Sed felices y os espero la semana que viene.


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Tag del escritor romántico

Hoy me gustaría hablaros de mi buen amigo y escritor novel, Nelson Pava. A continuación, os cuento un poco de su vida para que lo conozcáis algo mejor:

Nelson nació en el municipio del Espinal Tolima, Colombia. Desde muy pequeño le llamaba la atención la escritura. Además, tenía la facilidad para inventar historias de todo tipo gracias a su creatividad e imaginación. Terminando sus estudios secundarios, decide entrar en la Policía Nacional. En esta institución castrense permanece 24 años y, una vez culmina su ciclo, decide retirarse para empezar a materializar su sueño: escribir una novela con una buena historia.

Os presento la sinopsis de su novela:

“Manantial de humildad” – La Humildad, la mayor virtud.

La novela narra las distintas circunstancias de la vida que soporta una familia campesina junto a su hijo Edward. Las vicisitudes que se encuentra en su día a día Edward, un niño campesino en medio de la pobreza física, no son un impedimento para crecer como persona. Para lograrlo, se vale de su carisma e ímpetu siendo su mayor virtud el valor de la humildad.    

Inicio esta sección creando un tag de 10 preguntas para saber cómo ha sido su proceso en este mundo maravilloso que es la escritura.

  1. ¿Cuánto de ti mismo tienen tus personajes?

Edward es el personaje principal de la historia. Me identifico por su sencillez y nobleza.

La historia tiene varios personajes bastante atractivos e interesantes y he intentado que cobren vida propia. Todos tienen sus rasgos particulares y estoy seguro de que, en algún momento, el lector se va a identificar con alguno de ellos. Esto va a conseguir que se involucren de manera activa y esto los va a llevar a querer seguir leyendo.

2. ¿Qué momento románticos no pueden faltar en tu historia?

Los momentos románticos los describo en la belleza el paisajismo natural. Los jardines engalanan y recrean la escena de enamoramiento.

3. ¿Por qué escribes novelas románticas y no de otro género?

El género romántico tiene unas características y unos elementos que la identifican por sí misma, y es lo que me llama a la hora de plasmar mis ideas. Con este tipo de narrativa puedo extenderme para atraer y adentrar al lector en la historia gracias al idilio entre los protagonistas. En mi caso, además de la trama amorosa, me gusta agregar algo más como es la aventura. Me ayudo de la picaresca de los personajes para mostrar la idiosincrasia de la región.

4. ¿Tienes algún orden a la hora de escribir los capítulos?

Me gusta ser organizado. En el momento de empezar a escribir hago algo así como un pequeño ritual. Si estoy en mi casa, ordeno el sitio de la casa donde me voy a ubicar para empezar a escribir. Limpio y coloco un poco de aromatizante. Escucho un poco de música suave, prefiero la instrumental. Una vez realizo esto, organizo mis ideas en mi libreta de apuntes y empiezo a trascribirlas en mi computador.

5. ¿Has comenzado alguna vez por el final de tu historia?

No. Se debe tener claro el punto de partida. Comienzo con la idea central y el resto empiezan a crearse en mi mente. Estas ideas las apunto en una libreta y las organizo: desarrollo de la historia, nudo-conflicto y desenlace. Llevo una secuencia, pero es curioso que, cuando inicio la idea central en el desarrollo de la historia, ya mi mente se está conectando con el desenlace de la historia.

6. ¿Te has inspirado en tus experiencias personales para hacer tu novela?

En mi caso, mi novela no está inspirada en experiencias personales. Es una historia ficticia, creada de mi imaginación, pero con realismo.

7. ¿Se puede escribir sobre lo que no has experimentado?

Pienso que, para un escritor, es más fácil escribir sobre sus propias experiencias y en base a su conocimiento del tema que mejor conoce. Sin embargo, creo que algo que distingue a un escritor es su cualidad o talento para crear o imaginar mundos mágicos y fantásticos. Es su creatividad para desarrollar ideas nuevas y originales lo que cautivan al lector.

8. ¿Qué haces para inspirarte?

Para mí es importante encontrar un sitio limpio y organizado. Además de tranquilo, me gustan los lugares iluminados y respirar una fragancia suave. De hecho, me gusta aplicar ambientador en mi sitio de trabajo.

9. ¿Hay algún momento del día que prefieras para escribir?

Prefiero la mañana, bien temprano. Me gusta madrugar y aprovecho la frescura de la mañana. Para mí, el mejor momento es bien temprano y sitios tranquilos. Sin nada de ruidos externos porque me distraigo con facilidad.

10. ¿Qué le dirías a otras personas para animarlos a escribir?

Si deseas escribir, comienza desde ya. Vence tus miedos. Ya sea dibujar, la pintura, el canto, la música, el teatro… Mi consejo es que seas tú mismo. Sé autentico y original porque eres único; no dejes de creer en ti. Eso sí, trabaja mucho. Solo con esfuerzo y sacrificio, siendo constante, disciplinado y con mucha dedicación sabrás hasta dónde puedes llegar. Solo tú conoces tus capacidades y debilidades. Haz lo que te gusta y te apasiona. Si te nace de corazón, seguro que lo consigues.

Os animo a que sigáis a Nelson en sus redes sociales: @pava.nelson (Instagram) y Nelson Pava Serrano (Audiencia lectora) (Facebook).

Me encantará traerle de nuevo a mi blog en cuanto publique su libro.

Sed felices y os espero la semana que viene.

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Qué me motivó a empezar a escribir

Es algo que me preguntan cada vez que digo que soy escritora. Todavía no tengo una respuesta clara. Podría decir que todo y nada en particular.

Siempre me ha gustado contar historias. Cuando era pequeña y jugaba con mis hermanas mi imaginación rebosaba de cuentos donde siempre había un final feliz, cuyas protagonistas no eran otras sino mis muñecas recién peinadas y perfectamente vestidas.

Al cumplir los doce, mis padres me regalaron mi primera máquina de escribir. Me pasaba horas y horas escribiendo cualquier cosa que se me ocurría y, cuando me quedaba sin ideas, copiaba textos de libros para coger soltura. Ese ruido embriagador de la teclas imprimiendo cada letra en el folio creo que, de alguna manera, se quedó en mi alma esperando pacientemente a que volviera al teclado. Aunque la vuelta a la escritura fue muy distinta a lo que podríais imaginar.

Hace unos seis años tuve una pesadilla muy vívida. Me desperté sudando y con palpitaciones. Demonios y vampiros me perseguían para acabar con mi vida. Algo imposible de creer… sucedía, y yo era la única que podía impedir el fin del mundo. Lo sé, es un refrito de cientos de películas relacionadas con el mismo tema; pero eso no restaba veracidad a mi pesadilla tan parecida y diferente a todo lo que había visto y leído.

Ese sueño me impactó de tal modo que lo repetía en mi cabeza sin cesar. Hoy en día no recuerdo quién me dijo que lo mejor que podía hacer, para que dejaran de atormentarme esos recuerdos, era escribir lo sucedido y poco más. Pero al comenzar a plasmar esa fantasía en una hoja en blanco, lo que sucedió fue extraordinario. Lo que había “vivido” era el final de una historia, y me vi escribiendo el principio sin más recursos que mi imaginación para llegar al desenlace que tanto miedo me había causado.

Desearía poder deciros que esa historia está acabada, pero la vida interrumpió el proceso creativo y, por motivos que no vienen al caso, no pude terminar ese manuscrito. El mero recuerdo de esos días hacen que no quiera ni abrir el archivo. Sé que algún día lo acabaré; pero, por ahora, se queda en mi lista de tareas pendientes.

Como no podía ser de otro modo, mi inspiración para mi nuevo manuscrito llegó de la mano de otro sueño. Aunque, esta vez, se trató de uno en el que me divertí mucho. Esa escena se convirtió en el momento donde mis protagonistas se conocían y hablaban por primera vez en la historia que comenzaba a escribir. Algo simpático, puede que algo utilizado en otras muchas; pero, ¿importa? Sed benévolos, recordad que es un sueño; pero su desarrollo acaba en algo diferente, y os garantizo que hará que deseéis continuar leyendo.

Esta historia se convirtió en una especie de obsesión muy agradable. No puedo ni quiero contabilizar las cientos y cientos de horas que hemos sido compañeras. Prefiero tan solo recordar lo agradecida que estoy de haber podido dar vida a personajes tan complejos y especiales.

A estas alturas me gustaría deciros que, si alguna vez habéis sentido las ganas de escribir cualquier cosa, lo hagáis.

Nadie nace aprendido y con la capacidad de saber todo lo necesario para crear la estructura de una novela, los signos de puntuación, los guiones correctos, los diálogos, etc.

Yo he sido autodidacta en este aspecto. Nunca he estudiado nada relacionado con la escritura. Tan solo he leído mucho y he buscado todo aquello que necesitaba saber para lograr la corrección formal en mi narrativa.

Mi consejo final es que si quieres escribir, lo hagas. No importa si tu intención no es publicar. A veces las historias solo son para nosotros mismos porque puede que las necesitemos escribir para interiorizarlas. No lo pienses demasiado. El papel en blanco no te juzga, solo espera a que lo rellenes con cualquier idea que te venga a la cabeza. Sé tú mismo, encuentra algo de lo que guste hablar y disfruta del proceso.

Espero haberte ayudado y animado a escribir, aunque solo sea un poquito.

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Reseña a “Cinco panes de cebada” de Lucía Baquedano

Mi hermana mayor es una fuente constante de libros interesantes. Su amor y dedicación a la lectura me impresiona; así como su biblioteca llena de ejemplares que yo necesitaría dos vidas, como mínimo, para poder leer.

Nuestros gustos son a la vez parecidos y diferentes. Mi clara inclinación por el género de novela romántica la lleva a compartir conmigo cualquier atisbo de este tipo de narrativa para que la disfrute. Cosa que hago sin duda.

En mis manos cayó hace un par de semanas “Cinco panes de cebada”. Solo puedo decir que me ha cautivado y relajado, a la par que me obligado a continuar leyendo porque necesitaba saber qué pasaba a continuación. Lo recomiendo como una lectura ligera, sin más pretensiones que dejarte un regusto a felicidad y una sonrisa en los labios.

La historia relata cómo la protagonista, Muriel, una magnífica estudiante que ha conseguido aprobar las oposiciones de maestra con la mejor nota y las múltiples felicitaciones del tribunal, se ve recompensada ganando una plaza como maestra de pueblo en el Pirineo navarro, concretamente en Beirechea.

Nunca en todos los años de mi vida había oído hablar de este pueblo, y mi curiosidad me hizo dirigirme a Google como alma que llevaba el diablo para ver imágenes de este lugar que acababa de aparecer, por arte de magia, en el mapa de España. Me sentí decepcionada porque el pueblo no existe más allá de la imaginación de la autora y, ahora, también en la mía. Prosigo.

La protagonista es una muchacha joven de ciudad, llena de esperanza y entusiasmo por enseñar a sus alumnos todos sus conocimientos adquiridos. Cuando llega al pueblo en cuestión, donde la definición de rústico y especial se queda corta, parece que todos la rechazan y no quieren ayudarla de ninguna manera.

Sus pretensiones eran enseñar en una escuela moderna y bien equipada, pero lo que se encuentra es todo lo contrario. Una escuela que se cae casi a pedazos, con la falta visible de dos manos de pintura y llena de humedades.

La gente del pueblo, en un principio, es muy reacia a aceptarla. Para ellos es solo una maestra más que seguro se irá sin pensárselo dos veces en cuanto tenga la menor oportunidad, exactamente igual que el resto de sus predecesoras.

Su desesperación por hacer cambios la lleva a plantearse lo que todos pensaban, irse de allí lo antes posible, pero poco a poco va conociendo a las gentes del pueblo. Va entendiendo sus puntos de vista y se va enamorando del paisaje y de sus habitantes.

Armada de paciencia, va minando las opiniones obtusas y obsoletas de los padres para la educación de sus hijos, que apenas conocen nada más que lo relacionado con el campo y la siembra.

Su vida cambia cuando conoce a Javier Arive que, como en todas las buenas historias, el primer encuentro comienza con una discusión. Él es un joven agricultor que, como ella, ha intentado modernizar las técnicas de sembrado en el pueblo y ha recibido la misma respuesta en cuestión de cambios.

En ellos crece una amistad y complicidad que los llevará, sin pretenderlo, a formar un frente común para poder mejorar la situación académica de los alumnos, el nivel cultural de los habitantes y las técnicas agrícolas del pueblo.

Agradezco que la lectura de este libro me haya ayudado a descansar del ritmo frenético de la vida diaria, al ponerme en la piel de los personajes y su forma tranquila de entender el mundo.

De un sueño, un manuscrito

El título del artículo es literal. Una noche, como tantas, tuve un sueño muy concreto de una escena que me llegó por su simpleza y comicidad. Cuando me desperté, sonreí. Esa situación ridícula que, seguro formaba parte de mis recuerdos de alguna lectura o incluso de haber visto una película, comenzó a obsesionarme.

Es como si los protagonistas me pidieran una y otra vez que no los olvidara, que eran parte de mí. En cierto modo, era como si quisieran compartir cientos de horas conmigo, inspirándome ideas para completar su historia de amor.

He de confesar con algo de tristeza que los abandoné muchas veces. El trabajo, la familia, en fin, la vida. Seguro que si has escrito alguna vez, me comprendes. Incluso si no has escrito, cuántas veces has querido terminar algún proyecto y no has podido por motivos que se escapan de tu control. Muchos.

Siempre me ha encantado esta frase: “La vida se abre camino”. Y así fue. La vida de mis personajes me llamaban desde lo más profundo de mi ser. Necesitaban encontrarse, necesitaban su final feliz. Tras muchas, y cuando digo muchas me quedo corta, muchas horas, les regalé lo que tanto deseaban.

Mi manuscrito creció y creció hasta convertirse en una historia creíble y consistente. Siempre he admitido que no sé resumir. Es cierto, me encanta relatar cada historia hasta el más mínimo detalle. Ir al grano nunca había sido mi fuerte, hasta ahora.

Es probable que te estés preguntando cómo se llama mi manuscrito. Aún no ha cobrado vida en ninguna editorial, pero anhelo que pronto alguien se enamore de mis personajes tanto como yo y quiera publicarlo. Espero con ilusión poder compartir sus vidas con un mundo lleno de maravillosos lectores, ávidos por conocer nuevas historias.

Volviendo a los sueños, os diré que estéis muy atentos a ellos porque son una fuente infinita de inspiración. Al menos, lo son en mi caso.

Esto es algo que he oído hasta la saciedad: que siempre lleves contigo una libreta para anotar cualquier buena idea que se te ocurra. Por supuesto, en la era de las telecomunicaciones lo más normal es que tengas el smartphone en tu mano. Abre las notas y apunta esa idea que te parece estupenda. Puede que tras dejarla enfriar no te guste, o incluso no encaje en la historia que quieres relatar. No importa, anotarla te ayudará a crear un hábito y seguro que, en algún momento, esa idea digna de mención aparecerá y te será muy útil.

A lo mejor en este punto estás pensando: “¡Pero si yo no sueño o no me acuerdo de los sueños que tengo!”. Bueno, en ese caso mi recomendación es que te leas mi post anterior Cómo inspira la música para escribir, que espero que te pueda ayudar a encontrar esa idea de la que te hablaba antes.

Deseo de corazón que tu inspiración sea infinita para crear escritos que lleguen al alma.

Cómo inspira la música para escribir

Si te has sentado alguna vez delante de una página en blanco y te has quedado mirándola sin saber qué escribir, conoces la sensación. Miedo, desasosiego, prisas por reflejar cualquier cosa en esa página. Una página que parece que te está mirando expectante desando dejar de estar vacía. Lo sé, alguna vez lo he sentido, y no es agradable.

No existe una fórmula mágica o una píldora de color rojo para conseguir que tu imaginación se ponga en marcha, aunque hay algo que te puede ayudar: la música.

Quizás te estarás preguntando si sirve de cualquier tipo. Basándome en mi experiencia es que no. Lo mismo que no te gusta cualquier plato de un menú, no toda la música te puede inspirar.

Partitura música

Como escritora indie de novelas románticas he de confesar que, a veces, he oído música variada para corregir el texto. Cuando necesito que las palabras fluyan desde mi alma, oigo esa música que hace que mi piel se erice, que me obliga a cerrar un instante los ojos y hace que sonría por ese momento de perfección en el que todo encaja. Las notas, tus latidos y tu respiración. Da igual que estés escribiendo una historia de amor o misterio, terror o aventuras. Busca esa melodía que hace que tu imaginación vuele. Observa tu reacción cuando escuchas esa canción que te gusta por encima de todo. Ahí es donde empieza la magia.

Puede que al principio no sepas reconocer qué canción consigue que te dejes llevar. Date tiempo, seguro que la encuentras.

Hay tantos autores maravillosos y tantas canciones especiales que, sin duda, la tuya está por ahí, esperándote.

Cada persona tiene sus preferencias; pero te aconsejo que, según lo que quieras escribir, la música se adecúe al género. En lo personal puedo decir que no me inspira una canción de heavy metal porque escribo historias de amor.

Una curiosidad que puedo aportar es que las ideas aparecen con mayor claridad con música instrumental. Cuando escucho canciones, acabo cantándolas y pierdo el hilo de lo que estaba escribiendo. En cambio, sí puedo oírlas cuando corrijo. Cada uno es diferente y lo mejor es encontrar lo que a ti te venga bien.

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