Quiero dejar de ser yo

Hola, amores.

Hoy os traigo algo diferente y muy personal.

Este escrito que os dejo a continuación es para lograr mi catarsis, mi reivindicación ante el mundo para dejar de sentirme tal y como lo hago.

Os agradecería que leyerais hasta el final. Así os podréis dar cuenta del daño que pueden hacer algunas palabras y de lo cansados que estamos aquellos que nos encontramos en mi lado del campo de juego.

La vida es muy corta como para perder el tiempo buceando en el dolor propio, pero disfrutando del ajeno. Así que, si os sentís frustrados, no volquéis vuestra mala idea en personas que se sienten débiles. Y, por encima de todo, no deis consejos si no os lo piden.

Espero que os guste.

Miro mi reflejo en ese maldito espejo que se ríe de mí desde hace años y no me reconozco.

Sé que estoy ahí dentro. Sé que, en alguna parte de este cuerpo detestable, al que odio con todo mi ser, está la persona que quiero y debería ser… La que de verdad soy, pero que aún se mantiene en la sombra… esperando.

Llevo toda una vida intentando cambiar mi aspecto. Una vida luchando por dejar de parecerme a esa caricatura de mí misma y de la que el destino parece que no quiere que me libre.

Cientos de dietas. Cientos de ilusiones perdidas. Miles de horas de mi escaso tiempo de existencia para encontrar ese milagro que me permita ser aquello para lo que se supone que he nacido. Ilusa de mí.

Cuántas veces he tenido que soportar miradas condescendientes… Cuántas me he castigado a mí misma porque no he logrado alcanzar el maldito listón para ser suficiente.

He oído tantos maravillosos y utilísimos consejos: “Si comieras un poco menos… Si te movieras un poco más… Si… Si…”.

Como si no lo hubiera intentado nunca…, como si me tomara en broma pasar hambre, dolores de cabeza, cambios de humor, depresión, angustia, deseos irrefrenables de que todo cambie. Tanto… que he perdido la cuenta de la de ocasiones en las que me he dicho a mí misma: “Quiero dejar de ser yo”.

Quien haya pasado por algo similar sabe de lo que hablo. Cuántos de nosotros no hemos hecho un esfuerzo titánico y después no hemos obtenido el resultado que queríamos. La triste realidad es que muchos pertenecemos a ese espectro en el que hasta reír nos engorda.

Por mi parte, solo he encontrado una solución a largo plazo, solo una: dejar de comer absolutamente todo lo que me gusta… y para siempre.

Me pregunto si conseguir ese peso ideal tan ansiado compensará algún día tanto sacrificio. Si llegaré a ser por lo menos tolerable para esos ojos que me miran con esa cara de fingida aceptación, cuando por dentro seguro que están pensando: “Pobrecita, no da para más”.

También podemos encontrarnos con aquella “amistad” inestimable que nos dice con dulzura “Si estás muy bien como éstas”, “¿Que has perdido cuánto…? Uy, no adelgaces más que estás estupendamente así” y la mejor para el final: “Con lo guapa que eres si adelgazaras un poquito, estarías genial…”. Jamás se me había pasado esto último por la cabeza, la verdad. Menos mal que me lo has dicho porque estaba perdida y sin tu “ayuda” no me hubiera dado cuenta… En fin.

No olvidéis nunca que detrás de cada persona hay una historia. Un motivo. Un porqué.

A veces es tan difícil salir de este círculo vicioso de autocompasión y aceptar que soy la única responsable de mis actos, que duele. Y no os engañéis, lo soy; como también sé que lo que ingiero es para no haber llegado jamás ni a tener una talla 40; pero la vida es cruel, y es lo que me ha tocado.

Pensaréis que soy de atracones, que soy una comedora compulsiva que no puede cerrar la boca a ninguna hora del día. Nada más lejos de la realidad.

Dicen que hay personas que pueden comer lo que quieren y no cogen peso. Supongo que serán tan fáciles de encontrar como una manada de unicornios de color púrpura. Jamás he conocido a una persona así. Todas aquellas que estaban extremadamente delgadas no comían todo lo que querían; más bien casi no comían, por lo que no me extraña que no tuvieran ni un solo gramo de más.

Si existe alguien capaz de comer hidratos a raciones estándar, azúcar, bebidas gaseosas, alcohol y cualquier alimento procesado con asiduidad y no coger ni un mísero kilo…, entonces me lo creeré. Mientras tanto, permitidme que dude de que alguien pueda comer de esa manera y se mantenga con un peso estable, incluso si sus cantidades son mínimas.

Os preguntaréis que con todas estas reflexiones a dónde quiero llegar: pues a que estoy harta de odiarme. Estoy cansada de luchar y he decidido que, en mi caso, la única manera de no llegar a convertirme en eso que detesto es dejar de pensar en ello.

No sé si habéis oído esta frase: “A lo que te resistes, persiste”. He de decir que estoy convencida de que es así, y no ha sido hasta hace un par de días que por fin lo he entendido.

Me he pasado toda mi vida luchando conmigo misma por no ser aquello que más temía, hasta que lo he logrado. He llegado donde más miedo me daba estar porque, por lo visto, he puesto todo mi empeño en pensar lo que no quería. Dicen que el Universo no entiende el “no” cuando deseas algo. Pues qué faena, ¿verdad?

Quizá os preguntéis si es así de fácil. Si con dejar de pensar en lo que nos produce pavor, como en mi caso es estar muy por encima de mi peso, se puede lograr. Para nada. Aunque os puedo dar algo de esperanza; ya que, lo creáis o no, el cerebro suele convertir en “fácil” lo que repetimos una y otra vez que lo es. Así que, según quieras ver aquello que deseas en tu mente, así lo verás. Repítelo una y mil veces, piensa que lo que anhelas con cada fibra de tu ser es sencillo, y tu cerebro se encargará del resto, puesto que lo que más detesta es tener que trabajar. De manera que pónselo fácil no dándole ninguna oportunidad de hacerte cambiar de idea. Tú decides qué es lo que quieres que sea de este modo y empecínate en que lo vas a conseguir.

Muchos sabéis de lo que hablo. Habéis estado allí o lo estáis en este momento, al igual que yo. Únicamente os puedo decir que ánimo, engaña a tu cerebro y dile que lo has logrado. Dalo por hecho, pero ayúdalo como sabes que debes. Y si no lo sabes, un profesional te dirá cómo.

Por mi parte, os juro que estoy en el punto en el que mis fuerzas han desaparecido. Sin embargo, voy a seguir adelante sin pensarlo. Voy a dejar de analizarlo todo porque es lo que siempre he hecho y me ha devuelto en todas las ocasiones al punto de partida. Y quizás un poco más atrás, pero hoy no. Hoy gano yo porque así lo he decidido, y la recompensa no será solo hacer bajar la cifra en la báscula, sino ensanchar la sonrisa en mi rostro. Porque esta vez puede que llore de felicidad por haberlo logrado y no por perder otra batalla. Porque me merezco esa sonrisa y voy a hacer todo lo posible para que se mantenga.

Estoy segura de que este “relato” es el de muchas personas maravillosas, de personas luchadoras que, aunque una o decenas de veces se dieron por vencidas, volvieron al campo de batalla a luchar por algo que les pertenecía… Algo que nos merecemos ganar y que estoy segura de que muchos, muchos, lo lograrán.

Como habéis podido leer no es algo que haya pensado en una tarde, es algo que llevo sintiendo mucho tiempo. Toda mi vida.

Mi experiencia creo que se puede extender a cualquier tara que veamos en nosotros mismos. Permíteme decirte algo que es una crueldad, que no te va a gustar y que puede que te haga enfadar; sin embargo, esto no le resta veracidad, y es que no vivimos en una utopía. Podemos querernos por encima de todo y debemos hacerlo; no obstante, pensar que vamos a encajar con el “buenismo” generalizado nos aparta de la realidad más absoluta. Y la realidad no es otra que la sociedad nos impone y exige que seamos perfectos. Más altos, más delgados, más guapos, más exitosos, más famosos, más… más… más… El caso es, ¿cuánto más? Yo te ahorro el esfuerzo de pensarlo, hasta el infinito.

No sé vosotros, pero yo me planto aquí. Prefiero bajarme del carro y encontrarme a mí misma, que entre tanta exigencia me he perdido la pista.

Por último, quiero deciros que no estáis solos, que yo estoy aquí. Si quieres hablar conmigo, estaré encantada de escucharte. No soy una experta, ni tengo ninguna carrera de nutrición y mi intención no es suplir a ningún profesional. No obstante, me parece inconcebible que pudiendo dar, aunque sea un poco de aliento a una sola persona, no sea capaz de hacerlo. Estoy segura de que una mano amiga a tiempo, puede marcar la diferencia. Yo puedo marcar la diferencia.

Este es mi blog. En él vuelco mis opiniones y mis pensamientos. Si te he podido ayudar con algo de lo que he dicho, me alegro de corazón.

Sed felices y nos vemos pronto.


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Microrrelato «Luna llena»

Hola a todos.

Siento no poder publicar con la misma asiduidad de antes porque mi tiempo es limitado y llevo muchos proyectos a la vez.

Quizás me debería tomar las cosas de forma más relajada, pero quien algo quiere… Supongo que ya sabéis el resto.

Aquí os dejo un microrrelato que me apetecía compartir con vosotros. Disfruté mucho escribiéndolo, y qué mejor manera de empezar este lunes que con un poquito de misterio.

Espero que os guste.

La noche cayó mucho antes de lo que Måne esperaba. Observó su brazo y lamentó no tener algún antiséptico para curarlo. La herida que le había infringido aquel extraño animal parecía no querer cerrarse, y aún le faltaba atravesar el río para llegar al pueblo. Medianoche, y su única amiga… la luna llena. Un deseo irrefrenable la obligó a fijarse en ella, la Luna del Lobo. El frío agrietaba sus mejillas hasta que su luz la rozó y desapareció cualquier debilidad. El magnífico ejemplar que había mancillado su blanquecina piel estaba allí, aguardando la transformación que la cambiaría para siempre.

Sed felices y nos vemos pronto.


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Todo comenzó con una gincana

¡Hola a todos!

Como sabéis, cada dos meses colaboro de forma desinteresada con la revista Fluencers, http://www.fluencers.online.

Para el mes de enero, la palabra que me facilitaron fue: «Eco».

La ecología es un tema que debería importarnos a todos porque nuestros actos tienen consecuencias a corto y largo plazo para el planeta.

Yo no sé vosotros, pero a mí me encanta llegar a la playa y que todo esté limpio. Así que cuando me voy la dejo incluso mejor que estaba porque si veo un papel, lo recojo.

Pienso en todos los niños que un día serán adultos y que querrán llevar a sus propios hijos al campo o a la playa sin tener que hacer malabares para no pisar basura.

Así que seamos conscientes de que el planeta es solo una casa de verano que alquilamos por menos de cien años y que debemos dejar como la patena cuando nos vayamos de aquí, porque los siguientes inquilinos serán nuestros propios hijos.

Aquí os dejo el relato que desde principios de mes está en la revista por si aún no habéis podido leerlo.

Espero que os guste y os leo en los comentarios.

―Michael Jefferson Green, o bajas ahora mismo con tu maleta ¡o vas con lo
puesto al campamento!
―¡Ya voy, mamá! ―gritó Mike desde el primer escalón.
Patty esperó a que saliera para cerrar la puerta. Después colocó el bulto en el maletero y se sentó en el coche.
―Sabes que vamos tarde, ¿verdad? ―inquirió a su hijo, cuya cara de apatía
reflejaba su interés por ir al campamento “Save The Planet”.
Sus padres eran dos acérrimos ecologistas. Desde antes de su nacimiento ya formaban parte de varios grupos que luchaban, de forma activa, contra el calentamiento global, el cuidado de los océanos, la reforestación de cualquier zona o la preservación de especies en extinción. Cualquier tema era bueno para ayudar a conservar algo que creyeran indispensable para salvaguardar el planeta.
Ese verano habían decidido ir a luchar en contra de la sobrepesca del cangrejo en Alaska y lo iban a “abandonar”, tal y como lo veía Mike, en un campamento donde, “según ellos”, iba a aprender a cuidar del medio ambiente y era idóneo para fomentar la ecología entre los más pequeños. Un verdadero rollo.
Al llegar, una inmensa fila de coches iba dejando a los chicos; que eran
acompañados por sus monitores, para formar grupos de diez por cabaña. Al echar un ojo por la ventana, Mike gritó a su madre exasperado:
―¿Me has traído a un campamento de chicas?
―No, Michael. Es mixto ―aclaró Patty.
―¡Yo no quiero estar aquí un mes! ―vociferó más alto.
Su madre se quitó el cinturón, salió del coche y abrió su puerta para que saliese.
―Deja de protestar. Ya verás que haces muchos amigos y, lo más importante: si prestas atención… ¡aprenderás mucho! ―añadió Patty, guiñándole con gracia.
―Pero ¡yo quiero ir con vosotros! ―volvió a quejarse Mike.
Con maleta en mano, su madre respondió:
―Sabes que eres muy pequeño para eso…
Una joven monitora se acercó hasta ellos con una simpática sonrisa. Mike se
quedó mirando el logotipo de su polo: un armadillo bordado en color rojo. Ella se dirigió a su madre para preguntarle el nombre y, una vez localizado en la lista, llamó al jefe de equipo para que lo llevara con su grupo.
Patty se despidió de Mike con un beso en la cabeza y este se alejó de su lado
refunfuñando.
Los primeros días en el campamento fueron una verdadera locura. Reuniones, clases para conocer el entorno, juegos de todo tipo… Pero lo peor para Mike estaba por llegar. Se había negado a conocer a ninguna de las niñas que formaban los otros grupos.
Muchos de sus compañeros actuaban de igual manera, solo querían relacionarse con otros chicos. Los monitores estaban acostumbrados a estos comportamientos y por la noche rieron al saber lo que les esperaba al día siguiente.
Como las anteriores mañanas, y antes de desayunar, fueron hasta los tablones para ver cómo tenían organizado el día. Una gincana ocupaba toda la jornada. El grito generalizado llegó hasta el último recoveco del campamento cuando leyeron que los equipos los formaban un chico y una… chica. A Mike le había tocado como compañera una tal Ashley y se preguntó qué clase de madre era capaz de ponerle ese nombre a una chica, cuando todo el mundo sabía que era nombre de chico.
Tras un desayuno lleno de protestas, que llegaron de todos lados, repartieron cartulinas con las cinco pruebas. Una vez formados los equipos, a regañadientes, comenzó el juego.
Mike solo había mirado una vez a Ashley, así que ella decidió romper el hielo.
―¡Hola! Soy Ashley ―se presentó muy risueña, ofreciéndole la mano.
―Yo… Mike.
―¡Encantada, Mike! Ven, vamos a un sitio más privado. ―Anduvieron unos
pocos pasos para separarse del resto y continuó―: A ver, este es mi segundo verano en el campamento, así que sé cómo se las gastan los monitores. Ahora presta atención porque se me ha ocurrido lo que podemos hacer para ganar la primera prueba. ¿Has reciclado la basura alguna vez?
―Hum… claro… más o menos.
―A ver, Mike… ¡céntrate! ¿Sabes reciclar o no? ―preguntó ella sin paciencia.
―Creo que sí.
―Madre mía… ―respondió Ashley, sujetándose la frente con la palma de la
mano―. Bueno, en cinco minutos comienza la prueba, así que no perdamos el tiempo.
Atento: de toda la basura solo céntrate en los botes y botellas de vidrio y en el papel y cartón. Los primeros van en el contenedor verde, el que parece un iglú y los segundos en el contenedor azul. ¿De acuerdo? ¿Te ha quedado claro? Cristal, verde. Papel, azul.


―Mike asintió varias veces―. ¡De lujo! Del resto me ocupo yo.
―¿Y a esto lo llaman gincana? Menudo rollo… Esto es recoger basura…
Ashley lo miró con ojos penetrantes y, poniéndole un dedo en mitad del pecho, amenazó:
―Mira, niño de ciudad, el planeta no es un vertedero. Puede que para ti esto no sea divertido, pero yo quiero poder bañarme en la playa dentro de veinte años. Así que, aprende a reciclar de una maldita vez o nos quedaremos sin peces ni océanos.
Ashley, con tan solo cinco años, ya había descubierto qué era encontrarse en una playa llena de plásticos y restos de basura. Sus padres la habían llevado para echar una mano en las tareas de limpieza, y esto la había impactado mucho más que cualquier fotografía o vídeo de internet.
Ahora tenía diez, y su necesidad por mantener limpio el planeta se había
convertido en casi una obsesión. Ir al campamento le daba la oportunidad de seguir ayudando y, si de paso conseguía despertar la conciencia de algunos de los chicos… mejor que mejor.
Mike la miró con una mezcla de molestia y vergüenza. Aunque sus padres habían intentado inculcarle la preocupación por todo lo relacionado con la conservación de su entorno, lo cierto es que él no había prestado demasiada atención. Ahora una niña de su edad acababa de ponerlo en su lugar y le había soltado una verdad aplastante: si los plásticos se adueñaban de mares y océanos, los peces morirían y las playas solo serían un cubo de basura más donde los residuos acamparían a sus anchas.
Se la quedó mirando solo un instante. Algo se removió en su interior y, cuando oyó a su monitor gritar que se acercaran para comenzar la primera prueba, repitió convencido:
―Cristal en el iglú. Papel y cartón, en el azul.
Ella le dedicó una sonrisa llena de esperanza y lo cogió de la mano para salir
disparados hasta donde estaban reunidos los demás chicos.


Cinco años después…


―¡Mike! ―gritó Ashley, corriendo hacia su amigo.
Ambos se abrazaron y rieron al encontrarse de nuevo en el campamento. Estaban muy nerviosos porque habían dejado de ser alumnos para convertirse, por primera vez, en monitores. Esa era una gran responsabilidad, pero esos cinco veranos que habían compartido los habían preparado de sobra. Su enorme interés en cómo ayudar al medioambiente los había unido y fortalecido en su empeño por inculcar la importancia
de cuidar todo lo que les rodeaba. Habían aprendido a plantar árboles y a preparar el campo, sembrarlo y regarlo. También a reciclar la basura, cuidar de los animales y ayudado a traer algunas de sus crías al mundo… Un sinfín de tareas nuevas que habían aumentado de dificultad conforme habían ido creciendo.
Mike no había vuelto a quejarse por ir al campamento, es más, había casi
suplicado que lo enviaran porque quería volver cada verano para ver a Ashley: esa niña que vivía al otro lado del país y con la que coincidía cada doce meses.
―¡Guau! Estás… fantástica ―dijo Mike, recorriendo con sus ojos de adolescente a su mejor amiga tras echarle un buen vistazo.
Ella había pensado lo mismo de él, pero no le había dado tiempo a decir nada.
Como respuesta, dibujó su magnífica sonrisa como tantas veces; solo que, en esta ocasión, arrolló el corazón de un chico que no estaba preparado para experimentar qué era enamorarse por primera vez.
Ese verano fue el mejor de todos hasta el momento. Enseñar era incluso más divertido que aprender. Rieron la noche previa a la primera gincana y más aún a la mañana siguiente al ver cómo los más pequeños se quejaban por tener que hacer grupos mixtos, tal y como ellos habían hecho pocos años atrás.
Los días se fueron sucediendo y ambos se sentían emocionados al conseguir, con pequeños detalles, que muchos de los alumnos despertaran a la importancia de querer y cuidar de la tierra, del aire, de los animales… de la vida, en general.
Era la última noche de ese verano en el campamento. La fiesta de cierre de
temporada estaba en su punto álgido. Algunos de los niños más pequeños jugaban, corrían y gritaban. Los más mayores bailaban y reían. Mike y Ashley se apartaron solo un instante con la excusa de poder hablar sin vociferar. Ambos sabían que la razón era muy distinta. Tras el cobijo de una enorme secuoya se dieron su primer beso y prometieron verse al año siguiente.


Un año esperando.


Ambos volvieron al año siguiente y, aunque retomaron su relación casi en el
mismo punto donde la habían dejado, ella tenía mucho más interés en enseñarle a los más pequeños su amor por el planeta que en perderse en los besos de Mike. Solo tenían dieciséis años y la realidad era que vivían en estados diferentes y a una enorme distancia.
Ese verano tuvieron la oportunidad de limpiar el cauce de un río y de ver cómo el ecosistema se iba recuperando poco a poco, así como los peces volvían para poblar buena parte.
Su relación no avanzó mucho más y el campamento terminó como el anterior. Con cientos de niños felices y deseando volver.
Y así se sucedieron los siguientes dos veranos, hasta que llegó el primer año de universidad y Ashley no volvió. Uno de sus profesores le había hecho llegar la información de un curso estival que se impartía en Pisa. Estaba organizado por la “Escuela de verano Regreso a las raíces de la economía ecológica” y ella se había inscrito sin pensárselo dos veces y, lo más raro para Mike, sin avisarlo con tiempo por si se animaba a acompañarla.
Por muchas llamadas, emails o wasaps que habían compartido, algo era
inamovible: él vivía en Virginia y ella en Oregón, por lo que más de cuatro mil kilómetros los separaban. La distancia año tras año hacía mella en ellos, pero no en su amor por el medioambiente y en intentar inculcar al máximo de personas posibles la necesidad de cuidar el planeta.
Mike regresó una vez más al campamento con la esperanza de que ella decidiera unirse, pero tampoco pudo ser en esa ocasión. Así que, al año siguiente, decidió acompañar a sus progenitores a unas conferencias que ellos mismos habían organizado por todo Estados Unidos sobre el calentamiento global y la importancia de reducir los combustibles fósiles. Al cumplir los doce, sus padres, Patty y Aiden, decidieron crear su propia organización ecologista sin ánimo de lucro y, tras casi siete años, los voluntarios no dejaban de incrementar sus filas. Las subvenciones y donaciones que recibían para cualquier causa eran tan sustanciosas que su manto de protección había logrado salvar a más de una especie en extinción y repoblado bosques completos. Todo por la Tierra.
Todo… por garantizar un futuro.
Ashley, por su parte, se metió de lleno en su Licenciatura de Ciencias Ambientales. Y, aunque mantenía el contacto con Mike, la vida no se detenía. Comenzó y terminó varias relaciones, así como él; que, por mucho que buscaba, no encontraba aquello que quería.


 

Cinco años más…


Mike acababa de terminar su Licenciatura en Ciencias y Políticas Ambientales. Sus estrechas relaciones con varios mecenas de la organización de sus padres le habían convencido para unirse a un partido político que basaba gran parte de su campaña electoral en detener el calentamiento global a toda costa. Al principio, se había unido a regañadientes, pero tras seis meses de duro trabajo llegaron las primarias. Su partido ganó las elecciones y consiguieron la alcaldía. Un pequeño paso hasta el despacho oval, una distancia enorme si miraba atrás. Sonrió al ver lo mucho que había logrado desde que una niña, con voz autoritaria, lo había obligado a reciclar, a una velocidad endiablada, un cubo enorme de basura para ganar una prueba en una gincana.
Habían transcurrido apenas tres semanas desde que ganaran las elecciones cuando su secretaria llamó al teléfono de su despacho para avisarlo de que su reunión de las diez y media acababa de llegar. Aceptó que pasara y, mientras entraba, terminó de firmar varios documentos.
Tocaron a la puerta y su secretaria anunció:
―Alcalde Green, su cita de las diez y media, la doctora Wright.
Mike levantó la vista de su mesa y su expresión no fue capaz de mostrar la
sorpresa que sintió al verla. Tenía que reconocer que se había convertido en una mujer preciosa, que su elegante traje de chaqueta y su apostura indicaban lo mucho que había prosperado. Así como su título, doctora, aunque no sabía aún en qué especialidad.
Nada de eso importaba porque solo era capaz de mirarla a los ojos y ver a la niña que fue, y que consiguió enamorarlo desde el primer día. Se levantó con tanto ímpetu que casi tiró la silla, pero la sujetó a tiempo.
Rodeó su mesa y susurró:
―Ashley…
―Hola, Mike. Alcalde Green…
―Doctora Wright… ―dejó su nombre en el aire como una pregunta.
―Doctora en Medio Ambiente, señor alcalde. Vengo a pedirle… mucho ―dijo ella con una intención velada.
Un nudo se había formado en su garganta. Verlo después de tantos años había despertado algo olvidado, casi perdido. Él la miró y replicó:
―No esperaba menos de ti…
Ashley le dedicó esa preciosa sonrisa que Mike recordaba y que tanto había
echado de menos. Se acercó a ella y le ofreció la mano. Ella, con el corazón a mil, la aceptó de buen grado y se sentó en la mesa de despacho. Él ladeó la cabeza y levantó ambas cejas. La pregunta estaba implícita en su gesto.
―Trabajo para la empresa No plastic waste y vengo a presentarte un proyecto que podría significar la reducción del veinte por ciento del plástico en el planeta.
―¿Un veinte por ciento? Pero, Ash…
―Deja que te lo explique ―interrumpió ella―. Llevo dos años trabajando en
esto, de verdad que es viable. Por favor, no lo descartes tan pronto…
―No quiero descartarlo… Ash ―repitió su nombre casi como un mantra. Ella subió las cejas con sorpresa al escuchar su respuesta; pero, sobre todo, por su tono… casi íntimo―. Quiero que eliminemos el plástico del planeta; así que, enséñame qué has ideado y haré todo lo que esté en mi mano para que llegue al Congreso.


Ahí estaba esa sonrisa… ese brillo en sus ojos. Ella era la determinación en sí misma, tal y como cuando le explicó dónde tenía que arrojar el cristal en el contenedor con forma de iglú.
Ashley asintió despacio y fue desglosando punto por punto su visión para el futuro. La eliminación de los plásticos no era una quimera, ni un sueño. Y, mucho menos, un imposible. El proyecto mostraba que sí se podía llegar a ese porcentaje, y con esfuerzo, incluso se podía mejorar.
Cuando terminaron la reunión, Mike se quedó con su carpeta para hablar con gente bastante importante que financiaba su partido y que seguro estaría muy interesada en ese proyecto.
Al despedirse, ambos se miraron con algo más que satisfacción. Muy por encima de la atracción que sentían, sabían que habían empujado la primera ficha de dominó que mostraría una espectacular imagen final: un planeta libre de residuos plásticos para las generaciones futuras.
Antes de salir, Ashley se giró, pero dudó un instante. Mike no lo hizo y preguntó:
―Lemaire… ¿a las siete…?
Y una sonrisa de Ashley selló aquello que había comenzado casi dieciocho años atrás. Su visión por un mundo mejor la llevó a querer cambiar el futuro y, mirando a Mike, tuvo la certeza de que había aportado su granito de arena.

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Sed felices y nos vemos pronto.

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Una noche cada trescientos sesenta y pico días

¡Hola a todos!

Como sabéis, cada dos meses colaboro de forma desinteresada con la revista Fluencers, http://www.fluencers.online.

En esta ocasión, la palabra que me han facilitado ha sido: «Tradiciones». Esto me ha llevado a pensar en muchas fechas señaladas en nuestro calendario. Hay muchísimas, y entre ellas he elegido la noche de San Juan.

Siendo de Málaga, aquí ha sido siempre una constante el ver las hogueras y la gente yendo hacia la orilla para mojar sus pies, caras o zambullirse en las frescas aguas a las doce de la noche. Personas que, por cierto, me parecen muy valientes. Os aseguro que, con lo friolera que soy, en la vida se me ocurriría bañarme a esa hora; aunque sea verano.

Os dejo el relato que desde hace unas semanas está en la revista por si aún no habéis podido leerlo.

Espero que os guste y os leo en los comentarios.

Vicky comenzó su mañana como cada día. Una ducha, ropa limpia, café expreso doble con bebida de avena y un par de tostadas.

Solo faltaba una semana para acabar el curso escolar y ella continuaba soltera. Su última relación había sido… Puso toda su atención en recordar cuánto había pasado. Cogió el móvil, lo desbloqueó y casi escupió el sorbo de café que acababa de beber al darse cuenta del día que era, veintitrés de junio, la noche de San Juan.

Bloqueó el teléfono y lo apartó de mala manera. Había pasado un año desde que su ex la había dejado en plena fogata hablando con su mejor amiga para devorar los labios de una pelirroja despampanante que no sabía decir en español ni huevos fritos.

Después de un buen empujón, mientras le gritaba una sarta de insultos de lo más variopinta, rompía con el hombre con el que había compartido casi seis meses ante su cara de indolencia insultante.

Una llamada de teléfono la sacó del pozo de donde se había metido ella solita.

―¡Hola, “Cervecita”! ―dijo una voz sonriente al otro lado de la línea.

―Hola, “Gotita de agua” ―respondió Vicky con pesadumbre.

Desde que eran pequeñas, Victoria y Rocío habían sido amigas inseparables. Habían estudiado curso tras curso juntas y ahora eran profesoras del mismo instituto. Vicky de Informática y Rocío de Biología. Tras estudiar con ahínco para ganar sus respectivas oposiciones, las dos habían conseguido una plaza fija en el mismo lugar. Algo bastante inusual, pero la vida es así, un cúmulo constante de sorpresas.

―¡Uy! ¿A ti qué te pasa?

―Veintitrés de junio… hace un año… ―resumió con pena por sí misma.

―Mira, Vicky, déjate de cuentos y olvida a ese imbécil. Hoy es la noche de San Juan y estoy segura de que vas a encontrar a tu príncipe azul ―respondió Rocío.

―¿Estás segura? Porque dudo mucho que se hayan acabado todas las ranas…

Su amiga soltó una sonora y nada elegante carcajada y Victoria no tuvo más remedio que acompañarla.

―¡Ay, “Cervecita”! ¡Eres la monda! No entiendo cómo aún no tienes al hombre de tus sueños al lado. Eres guapa, graciosa y, aunque necesitas por lo menos seis meses de spinning intensivo, no estás nada mal para tu edad…

―¿Para mi edad? Mira, “Gotita”, vamos a dejar las cosas claras: tú eres tan vieja como yo y tu actual pareja es un tonto de manual. Así que no me digas cómo es que no tengo al hombre de mis sueños al lado porque tú tampoco tienes al tuyo. Y… y… ¡estoy estupenda! ―se quejó Vicky.

―Lo que tú digas… Volviendo al tema, esta noche te recojo a las nueve. He quedado con Julio en la playa. Tenemos reserva en el chiringuito que nos gusta y después iremos a la fogata. Por cierto, Julio tiene un amigo que…

―¡No! ―interrumpió a su amiga―. A mí no me vayas a hacer una encerrona para presentarme a un tío. No tengo ningún interés en conocer a nadie…

―Vicky, estás más sola que la una. No conozco al chico, pero dale una oportunidad. Total, solo es una noche al año en la que podemos creer en la magia…

―Pero ¿eso no es en Halloween?

―Mira, deja de estar tan amargada que me estás cortando el rollo. Te dejo, que tengo que coger el coche. Ahora nos vemos en el instituto.

Rocío colgó la llamada sin darle la oportunidad de despedirse.

Vicky reprochó mentalmente a su amiga porque, desde pequeñas, había sido como una ola que barría todo a su paso sin importarle lo más mínimo.

Refunfuñando fue a lavarse los dientes. Cogió las llaves y el bolso abultado con su carpeta de clase y se marchó hacia su trabajo. Las clases habían terminado el día anterior, tan solo quedaban las múltiples reuniones de final de curso, las actas, y pelearse con la aplicación informática para que no se quedara colgada y poder introducir todas las notas.

Evitó a su amiga al llegar a la sala de profesores, pero a la hora del café no tuvo la misma suerte.

Durante los treinta minutos siguientes no dejó de insistirle y tampoco le dio ninguna opción para rechazar la cita a ciegas que el pesadito de Julio le acababa de imponer por la fuerza.

Sobre las ocho y media, Rocío pasó por su casa para recogerla. Lo único que recibió de Victoria fueron quejas y más quejas; pero la suerte estaba echada y, tras el paso por las expertas manos de su amiga, el resultado fue que de una crisálida salió una espectacular mariposa.

Estaba deslumbrante. Su pelo color miel había sido rizado con ondas suaves que rozaban sus hombros. El maquillaje, aunque sutil, resaltaba sus facciones haciéndolas más dulces y delicadas. El vestido rojo intenso con diminutos topos de color blanco hacía que su piel pareciera más bronceada y marcaba con exquisita maestría todas las curvas de su cuerpo.

Su amiga echó un paso atrás para ver la culminación de su obra. Una exhalación en forma de sonrisa fue suficiente para que Victoria supiera que esa noche iba a llamar la atención.

Se miró en el espejo de la habitación y tuvo que admitir que se sentía guapa y, en cierto modo, poderosa. Al menos, en esa ocasión, no iba a ser el patito feo de la reunión.

Llegaron al restaurante y allí estaba Julio, su amigo aún no estaba allí. ¡Qué típico!

―¿Dónde está? ―preguntó Rocío tras besar a su pareja.

―Viene de camino, ha salido tarde de una reunión ―confirmó Julio. Miró a Vicky y, antes de plantarle dos besos en la cara, dijo―: Hola, quejica… Hoy estás impresionante. Has sido tú, ¿verdad, preciosa? ―preguntó mirando a su novia.

―¡Uy! ¡Qué simpático! ―respondió Victoria con cara de pocos amigos. No solo le habían hecho una encerrona, además tenía que soportar las gracias del novio de su amiga. Iba a contestarle una respuesta a la altura de aquel memo cuando su cita llegó.

―Mira, ¡ahí está! ―dijo Julio muy sonriente.

Vicky aprovechó el momento para decirle muy seria a Rocío:

―Tu novio es un auténtico imbécil, ceno y me voy. No pienso aguantar sus gracias…

Y no le dio tiempo a añadir ni una palabra más porque ambos hombres se acercaron hasta ellas.

―Vicky, este es Evander, trabajamos juntos en Escocia durante tres años hasta que abrieron la delegación en Málaga. Ha venido para espiarnos, pero creo que lo que de verdad quiere es quedarse aquí y disfrutar de las vistas…

Victoria había dejado de oír a Julio después de escuchar el nombre de ese highlander que era exactamente igual a los descritos en las novelas románticas que tanto le gustaban.

Una voz melodiosa y profunda la sacó de sus ensoñaciones.

―Encantado, Vicky ―dijo en perfecto español tras ofrecerle la mano y una espectacular sonrisa.

―Encantada… ―respondió ella, intentando pasar por alto todas las imágenes que estaban inundando su imaginación y cuyo protagonista tenía un nombre que jamás había escuchado con anterioridad.

La cena pasó en un suspiro. Hablaron de sus respectivos trabajos y conocer a Julio a través de los ojos de aquel hombre, que le había arrebatado la respiración, hizo comprender los fuertes sentimientos de su amiga y cambiar su opinión. No entendía cómo no se había dado cuenta antes, pero ese hombre miraba a Rocío como si el mundo comenzara y terminara en ella.

Consiguió llenar los pulmones de auténtica felicidad al ver la complicidad que había entre ambos. La conversación era muy entretenida y distendida. Julio había pasado de ser el novio pesado a una pareja encantadora y digna del amor de Rocío.

Tras acabar de cenar, se dirigieron a una de las enormes fogatas que había en la playa de la Malagueta. La policía estaba atenta a que nada se descontrolara porque la gente bailaba y bebía sin inhibiciones esperando el momento mágico que se repetía cada noche de San Juan.

Según dónde leyeras la información, los rituales de esa noche proporcionaban múltiples variantes y podías escoger la que más te gustara: mojarse los pies, la cara, bañarse en la playa… Y otras tantas que podías hacer con fuego, pero Vicky lo máximo que estaba dispuesta a hacer era descalzarse y meter sus pies en el agua, sorteando miles de piedrecitas que seguro se incrustarían entre sus dedos y planta del pie.

Los chicos llegaron con bebidas y Rocío se separó con Julio unos pocos metros dejándolos solos entre cientos de personas.

―Me encanta Málaga ―dijo Evander, mostrando una gran sonrisa.

―Es muy especial ―respondió ella con orgullo―. Tenemos playa, monumentos, arte… Hay tantos pueblos con sus costumbres y tradiciones que merece el esfuerzo visitar cada uno de ellos.

―Julio me ha dicho que no tienes pareja ―dijo, cambiando de tema de forma radical y mirándola a los ojos con expectación.

―¡Dios…! Julio es muy poco delicado… ―respondió ella, parpadeando deprisa y moviendo la cabeza en señal de reproche.

―Yo tampoco tengo, por eso estoy aquí.

―No te entiendo…

―Julio no para de alabarte. Eres la mejor amiga de Rocío y siempre está dejándote por las nubes. Ahora comprendo por qué…

Vicky iba a decir algo, pero Rocío llegó con Julio para entrar en el agua. La hora mágica había llegado, las doce de la noche… La hora de las brujas, de los deseos, de un nuevo comienzo y miles de posibilidades a tu alcance.

Se descalzaron y, cuando el agua tocó sus pies, todos pronunciaron sus deseos en silencio. Al terminar, intentó ir hacia su amiga, pero Evander la detuvo sujetándola de la cintura. Julio acababa de arrodillarse y había sacado una preciosa cajita de color verde en cuyo interior un anillo espectacular gritaba a los cuatro vientos que quería pasar el resto de su vida con ella.

Ante cientos de personas, que vitoreaban el momento y gritaban preciosas palabras de ánimo y felicitación, Rocío asintió. Sus ojos se llenaron de lágrimas y con una palabra cambiaba sus vidas para siempre.

Vicky miró a ese hombre que sonreía como si hubiera sabido que eso iba a ocurrir desde el primer momento.

―Lo sabías, ¿verdad? ―preguntó Victoria.

―Le ayudé a elegir el anillo… ―Con su respuesta lo dejó claro.

Rocío se acercó a su amiga y fue en ese momento cuando Evander dejó de sujetarla.

Se fundieron en un abrazo y Vicky le susurró al oído:

―Te mereces un amor infinito y estoy segura de que Julio es el hombre adecuado. Que seas muy feliz “Gotita de agua”.

La emoción no la dejó decir nada más que un significativo “Gracias”.

Ambos se marcharon para celebrar en privado su nueva situación y Vicky se quedó con ese escocés que no dejaba de mirarla como si hubiera encontrado el tesoro de Sierra Madre.

―¿Por qué la gente se mete en el agua a esta hora? ―preguntó Evander.

―Es una tradición, algo que se hace cada año y hay costumbres que no deben perderse ―dijo ella convencida.

―Creo que es un buen momento para crear una nueva…

Sin añadir nada más se acercó a ella y la sujetó de la nuca para besarla como llevaba deseando desde el momento que se la había presentado su amigo.

Quizás le confesaría más tarde que se había enamorado de ella en cuanto la vio en una fotografía del verano anterior, en concreto de esa misma noche. Aquella noche le rompieron el corazón y él decidió que se lo recompondría un año después porque la noche de San Juan encierra la magia pura; porque los deseos formulados en esa noche tienen más fuerza. Pero, por encima de todo, porque deseaba comenzar con ella una nueva tradición: la de besarse bajo las estrellas cada trescientos sesenta y pico días durante el resto de sus vidas.

Sed felices, y os espero la semana que viene.


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El sueño de publicar

Hoy vamos a tomarnos un descanso de leer relatos cortos. Mi imaginación no para, sin embargo, necesito ordenar mis pensamientos.

Por el título ya habréis adivinado de qué va el artículo de hoy. Reconozco que a estas alturas pensaba que alguna editorial ya querría publicar mi manuscrito y la realidad es que el 2020 ha destruido todo a su paso.

El sueño de muchos escritores noveles, entre los que me encuentro en estos momentos, se ha visto interrumpido por una verdad aplastante: todo se ha paralizado.

Tanto las ventas, como querer apostar por nuevos talentos, ha bajado en picado en una espiral sin control. Al menos, este es el mensaje que me ha llegado a mí por parte de mi agente literario con respecto a aceptar nuevas historias.

No diré las editoriales, pero me quedé fría cuando mi agente me dijo que alguna de ellas le había comunicado que no aceptaban ningún manuscrito hasta finales del 2023. Tengo paciencia, pero no creo que tanta.

Quizá podáis pensar que estoy siendo poco optimista, pero no es así. Confío en mi manuscrito. La historia es muy buena, los diálogos y situaciones son divertidas; además, romper con los clichés de la novela romántica no es fácil, pero me lo propuse y mis lectoras beta me confirmaron que lo había conseguido.

Sin ellas esto hubiera sido mucho más complicado. Por eso quiero mencionar sus nombres, para que sepáis la de personas que me han apoyado desde la sombra (por orden): Inmaculada, Mª José, Yessica, Mª Carmen, Mª José, Isabel, Virginia y, por último, Carla.

Ya han transcurrido nueve meses, pero os aseguro que parecen años. En estos casos siempre me viene a la mente la teoría de la relatividad de Einstein. Cuando te diviertes el tiempo pasa volando, al contrario que cuando estás en un momento de incertidumbre, que se ralentiza hasta lo indecible.

Bueno, ni tanto ni tampoco, pero todos sabemos que estar en el limbo no es plato de gusto de nadie. Así nos encontramos cientos o miles de escritores noveles en este momento, esperando nuestra oportunidad para que alguien al que no conocemos, y con quien soñamos tener alguna afinidad, se fije en nuestra historia y nos elija.

Dicen que la esperanza es lo último que se pierde, y esa la tengo intacta. Sé que mi manuscrito verá la luz. Hay tantas posibilidades, aparte de la de publicar con una editorial tradicional, que estoy segura de que mi historia no quedará solo como un recuerdo bonito en un archivo perdido en mi portátil.

Por supuesto, yo no me he detenido y he seguido adelante. Ya he acabado mi segundo libro, que está en el punto de la corrección general. Una historia romántica con subgénero fantástico que pronto leerán mis maravillosas lectoras beta.

En conclusión: perseguid vuestros sueños. Los míos, sin duda, son conseguir publicar mis novelas y llegar al alma de las personas que me lean. Esos sois vosotros, queridísimos lectores: vosotros lo sois todo. Y no veo el momento de que conozcáis la historia de «Hasta que me perdones» y os enamoréis de sus protagonistas tanto como lo he hecho yo.

Sed felices y os espero la semana que viene.


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Entrevista a Paula Escalera Fernández

¡Hola a todos!

Hoy os traigo una entrada sorpresa con una entrevista muy especial que me ha concedido la escritora Paula Escalera Fernández.

Le agradezco mucho el detalle de haberme respondido a tantas preguntas para conocerla un poquito mejor.

Si os apetece seguirla en Instagram os dejo su perfil: @paula.escalera.fernandez

Os dejo con la entrevista y ¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo 2022!

  1. ¿Cuándo supiste que eras escritora?

Desde pequeña, siempre me apasionó el mundo de la lectura, sobre todo aquella que tenía que ver con la fantasía y la ciencia ficción. Sin embargo, no supe que quería ser escritora hasta los trece años. Empezó siendo un sueño y un pasatiempo y se convirtió en una realidad cuando pasé por mi primera ruptura amorosa, momento en el comencé a escribir Quédate Conmigo.

  1. Háblanos de tus obras.

Por el momento, solamente puedo hablar de esta primera novela que ha visto la luz este mismo año. En referencia a la misma, puedo decir que es una primera toma de contacto con el lector, y que detrás de la misma —en un futuro— se podrán encontrar otras dos entregas.

Quédate Conmigo, es una novela cuya evolución se ve a lo largo de las tres partes que tiene. Al ser mi primera novela, seguramente se noten diferencias en un futuro, debido a la madurez que espero que adquieran las siguientes entregas —tanto en escritura como en narrativa.

  1. ¿Qué te inspiró la historia de “Quédate conmigo”? ¿Vas a continuar las historias?

Como confieso más arriba, esta primera novela, surgió de un momento difícil en mi vida y descubrí con ello que la escritura tiene una labor también de terapia maravillosa. Dicen que escribir libera el alma, en mi caso es completamente cierto.

Quizás por eso, esta primera entrega pueda resultar algo triste en su final, pero sin duda, las otras dos también narran una evolución, de lo que puede pasarnos a lo largo de la vida, hasta que finalmente encontramos a esa persona que nos llena.

Podría, en cierto modo decirse que la inspiración del libro versa directamente de experiencias propias, aunque el libro no es autobiográfico puesto que también mezcla la realidad con la magia y la ficción.

  1. ¿Cuál es tu próximo proyecto?

Mi próximo proyecto podría decirse que ya está en marcha y versa en una novela de fantasía, que espero que también este compuesta por varias entregas. Sera una historia innovadora con mucha fantasía, mucha magia y que espero hacer de ella mi propio Mundo como ya se ha visto en muchas ocasiones.

Si bien planeo acabar la trilogía Quédate Conmigo, mi objetivo es poder publicar en pocos años este nuevo proyecto que tanto estoy mimando y puliendo para que sea mi mejor obra.

  1. ¿En qué género literario te sientes más cómoda escribiendo?

Por el momento, he descubierto que cualquiera de los géneros que existen me gusta a la hora de escribir, pero es cierto que en todos ellos tengo que poner mi toque romántico. Ya sea para bien o para mal, creo que el tronco central de mis libros es el amor, aun cuando escribo una novela de ciencia ficción o fantasía (como lo es mi próximo proyecto).

Existe algún que otro género con el cual no me he lanzado aún y no creo que lo haga, y es el histórico o terror. Aunque, no descarto que en el futuro alguna de mis obras pueda entrar en alguna de estas dos categorías.

  1. ¿Qué te impulsó a escribir?

Lo que me impulso fue, como ya he descrito más arriba, la necesidad de plasmar una necesidad como terapia y más tarde, darle forma y transformarlo en una historia con la que llegar al lector a través del corazón, las reflexiones y en cierto modo, ser una forma de compartir mis reflexiones, con todo aquel que pueda necesitarlo. Lo que intento con mi novela, es llevar a cabo una profunda reflexión.

  1. ¿Cuánto de ti tienen tus personajes?

Siguiendo con la pauta que llevamos hasta el momento, podría decirse que los personajes (al menos uno de ellos), lleva más del 70% de mí. Todos los demás llevan pequeñas pinceladas de mí misma, asique podría decirse que todos llevan algo de mí, ya sea en mayor o menor medida.

  1. ¿Qué haces para inspirarte?

Siempre he sido fiel defensora de escribir en todo momento. De esta forma cuando estás inspirada escribes el doble y cuando no, puedes seguir avanzando a un ritmo más pausado. Yo misma tiendo a ser una persona que no necesita estar inspirada para escribir, pero si he de decir algo que me inspire más aún a darle forma a mis historias, es la música relajante.

  1. ¿Qué tipo de escritora eres? ¿De mapa o de brújula?

Sinceramente no sabría demasiado bien que responder pues en ocasiones soy de mapa y en otras soy de brújula. La mayoría de las veces diría que incluso un poco de ambas al mismo tiempo.

Comienzo escribiendo y en determinado punto tengo la necesidad de hacerme una pequeña guía estructurada de los eventos importantes que he de contar, y la distribución de capítulos, por ejemplo, donde empezar y donde acaba.

Pero el tronco central voy escribiéndolo conforme me nacen las palabras y luego con las correcciones voy acabando de pulir los pequeños detalles. O incluso a veces, cambiando cosas.

  1. ¿Qué le dirías a los lectores para que se animaran a escribir?

Escribir es una forma más de ver el mundo. Tiene muchas finalidades. Como Hobbie, como modos de ver la vida o incluso cómo terapia. Yo animaría a todas esas personas que tiene una historia en el tintero, que se animen a compartirla con todo el mundo. Las mejores historias a veces, ni siquiera son publicadas.

  1. ¿Dónde podemos comprar tu libro?

Actualmente, mi libro está disponible en numerosas plataformas tanto en formato físico como digital. Las más conocidas, Amazon, Casa del Libro y el Corte Inglés. Así mismo, aún dispongo de mi depósito personal para quienes quiera un ejemplar firmado y algún regalito.

Sed felices y os espero la semana que viene.



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Entrevista a José Espí Alcaraz

¡Hola a todos!

Hace casi un mes os subí en mi cuenta de Instagram @manuelaramirez_escritora la reseña del libro “Máscaras sin nombre” del escritor José Espí Alcaraz, un libro que me ha gustado mucho.

Un par de semanas después tuvimos un directo muy entretenido para conocer su trayectoria y hoy os traigo la entrevista por escrito.

Espero que disfrutéis leyendo su punto de vista como escritor y os animéis a adentraros en esta historia tan alejada de lo típico de los futuros distópicos.

Si os apetece comprar su libro, os dejo mi enlace a Amazon (es de afiliado). A parte de su libro, tenéis todas mis recomendaciones de aquellas lecturas que más me han gustado.

Os dejo con la entrevista.

            ¿Cuándo supiste que eras escritor?

            Bueno, eso es algo que, a ciencia cierta, aún no sé. La verdad es que las personas que nos gusta escribir estamos toda la vida haciéndolo, o bien con pequeñas historias o imaginándolas. Aun así, yo no fui el típico niño que se pasaba los días leyendo o escribiendo. Me gustaba leer, sobre todo cómics y disfrutaba con las redacciones del colegio, pero poco más. Lo de escribir de una manera más seria me vino más allá de los veinte años, pero solo pequeños relatos o micros y un proyecto de novela, que se quedó en eso. Fue en 2018 cuando gané un concurso mensual de micros que salió publicado en la Gaceta de Óptica y Optometría que me propuse hacerlo en serio. Me apunté a talleres de escritura online y comencé a escribir de una manera continua.

            Háblanos de tus obras.

            Mi primera obra es “Máscaras sin nombre”, una compleja novela fantástica bajo una aparente historia distópica de ciencia ficción. Antes de Máscaras, he participado en varias antologías de relatos, como la de la web Literautas o la antología “Relatos asombrosamente asombrosos” del Tintero de oro. Paralelamente tengo un blog de escritor donde voy colgando relatos cortos cada mes; algunos de ellos, con galardón incluido. “Máscaras sin nombre” es el primer proyecto de novela en el que me he atrevido a aventurarme.

            ¿Qué te inspiró la historia de “Máscaras sin nombre”?

            Bueno, la historia nació un día que estaba cenando de “tranqui” con mi mujer y unos amigos suyos que no conocía. Fue poco meses antes de que naciera mi segundo hijo. Estábamos en una terraza de la playa del Campello en verano, y eso significa que el bar en cuestión estaba desbordado: gente por todos lados, un calor asfixiante y unos camareros que no daban abasto y no se dejaban ver; parecía como si no estuviesen. Yo acababa de conocer a la mayoría de la gente, así que estaba casi absorto escuchando las conversaciones, aunque también observando el decorado. Fue entonces cuando vi, en el edificio de enfrente, a un chico acicalándose delante de un espejo que no acaba de asomar por la ventana. Tendría unos veinte años, y parecía que se preparaba para salir, aunque seguramente no a cenar de “tranqui” como yo, sino de una manera más desenfrenada, más acorde a su edad. En ese momento, me sorprendió que dos personas en un mismo lugar tuvieran una vida tan dispar, como si fuéramos de distintas realidades. Esta escena te sonará de algo, ¿no? Y de ese ovillo fui tirando y algo salió.

            ¿Cómo está funcionando la novela?

            Pues la verdad es que mejor de lo esperado. Cuando la lancé, nadie que me conociera sabía de mi faceta de escritor. Solo la poca vida bloguera que en ese momento había cosechado. Sin embargo, la acogida fue tanta como sorprendente. En mi fuero interno pensaba que solo la adquirirían doce personas, yo incluido, incluso los tenía apuntados, pero desde los primeros minutos, la cosa se animó. Luego fue diluyéndose poco a poco, pero aún hay gente que la compra por un lado o contacta conmigo para ello.

            ¿Cuál es tu próximo proyecto?

            En unos meses saldrá una nueva antología de “El Tintero de oro”, donde participo con tres relatos. Más allá de eso tengo un par de novelas a las que aún les queda bastante de trabajo. La más avanzada es algo distinto y arriesgado, pero que me ha divertido mucho, y es que me encantan los thrillers psicológicos.

            ¿En qué género literario te sientes más cómodo escribiendo?

            No tengo género literario predilecto. Pero por los resultados de la mayoría de mis relatos, este sería algo entre terror y thriller psicológico. Me gusta proponer juegos a la gente.

            ¿Qué te impulsó a escribir?

            Si te refieres en general, pues el placer de crear historias donde ocurra lo que a mí me apetezca. Pero si te refieres a la escritura como “oficio”, creo que fue la estabilidad profesional. Cuando dejé de dar tumbos y encontré un trabajo medianamente estable tuve la suficiente claridad mental para poder dedicarme a algo tan denso como es la escritura. De otro modo, nunca habría llegado a escribir algo tan arduo como una novela.

            ¿Cuánto de ti tienen tus personajes?

            Esa pregunta me hace mucha gracia. Me la hizo un amigo cuando acabó de leer la novela. Da la casualidad de que un personaje tiene un nombre parecido al suyo y, como este le gustó, se pensó que había basado personajes en conocidos. Entonces, me preguntó cuál de ellos era yo, mi respuesta fue simple: todos. Para escribir una novela, pienso, debes ponerte en la piel de cada personaje para que este tenga credibilidad. Eso es algo muy difícil, porque pueden salir personas de dudosa moralidad, psicópatas, asesinos, pero también víctimas de algo macabro. Si ninguno de ellos tuviera una parte mía, o por lo menos la manera en cómo yo haría lo que hacen, perderían cierta tridimensionalidad.

            ¿Qué haces para inspirarte?

            Creo que la inspiración es un arte que no existe como algo que viene y se va; siempre está ahí, solo hay que encontrarse, o por lo menos, yo la concibo de ese modo. Aquí entra mucho el oficio y la manera de pensar de cada uno. Yo, cuando me bloqueo, hago que mis personajes hablen entre sí de cualquier tontería, aunque esta no tenga nada que ver con la historia y sean unas conversaciones que al final tenga que borrar; pero, de ese modo, reactivo el flujo de la historia.

            ¿Qué tipo de escritor eres? ¿De mapa o de brújula?

            Si tuviera que elegir sería de brújula, pero soy más de mapa, aunque este es un plano con pocas directrices escritas a lápiz que pueden emborronarse y transformarse en otra cosa. Y es que no me gusta que la escritura esté sujeta a un guion del cual no se ha de salir. Puede que tu historia sea perfecta desde el inicio, pero lo que es cierto que, en ese momento, solo estás contemplándola desde un punto alejado y no la sientas del todo. Puede que una vez te adentres a ella veas otros caminos, otros conflictos, otras facetas de tus personajes… En Máscaras me pasó; hay cosas importantísimas que no las tenía pensadas de inicio, como la droga o el conflicto del hombre sin rostro con sus iguales. Lo único claro de ponerme a garabatear es que me gusta saber de dónde empiezo y a dónde tengo que ir, y lo que pase por en medio, ya se irá viendo.

           

¿Qué les dirías a los oyentes/lectores para que se animaran a escribir?

            No sé; quizá les preguntaría si han leído alguna vez algo que les ha dejado sin aliento, o que si alguna vez, mientras o al finalizar una lectura, se han dado cuenta de que esa historia funcionaría fantásticamente de otro modo, o que, si no les gustaría resarcirse o exorcizar algo que tuvieran enquistado, de sentirse libres… Puede que les hablara de lo gratificante que es dar con una historia redonda, de esas que te explota la cabeza, o de sorprenderse a uno mismo… A lo mejor les hablaría de que el tiempo parece detenerse a una velocidad endiablada mientras tecleas… Sin embargo, lo que realmente les diría es que se están perdiendo una parte de ellos mismos que no saben que existe.

            ¿Dónde podemos comprar tu libro?

            De momento, en Amazon.

Como sé que a estas alturas estáis deseando leer su libro, os vuelvo a dejar mi enlace a Amazon (es de afiliado).

Sed felices y hasta la próxima.


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El folio en blanco

¡Hola a todos!

Si has intentado escribir en algún momento de tu vida sabes que el temido folio en blanco a veces nos trae por la calle de la amargura.

Podemos tener una, dos o mil ideas buenas, pero si no se nos ocurre cómo ligarlas con la historia poco importarán, puesto que se quedarán en el vacío y esto nos frustrará en gran medida.

El relato de esta semana trata las dos caras de la moneda: una es no saber qué escribir y la otra es el momento de genialidad puro.

Estoy segura de que todos hemos tenido en algún punto de nuestra vida ese instante divino en el todo nos sale bien. Ese, en el que pareciera que estuviéramos predestinados a terminar una tarea sin esfuerzo alguno y conseguir algo casi perfecto. Así que, de eso trata el relato.

Espero que os guste y os leo en los comentarios.

Eran las diez y veintiocho de la mañana y Miriam seguía sin saber qué escribir. Llevaba casi dos horas delante de la pantalla de su portátil y parecía que el folio en blanco la estaba juzgando mientras le gritaba que comenzara de una buena vez. Se quitó las gafas, cerró con fuerza los ojos y se masajeó el puente de la nariz.

«¿Por qué le habré dicho a Jojo que tendría los últimos cinco capítulos en tan solo una semana? Soy imbécil. No… soy… soy… ¡Será posible que no soy capaz ni de encontrar un insulto para mí misma! ¡Dios!», se dijo enfadada.

En ese momento sonó su móvil. Miró la pantalla y se le cayó el alma a los pies, era su editora.

―¿Diga? ―preguntó lo evidente.

―¿Miriam? Soy Jojo, ¿qué tal estás?

―Muy bien, aquí… revisando lo que llevo escrito.

Miriam se llevó la mano a la frente. Después comenzó a negar con la cabeza mientras se mordía el labio inferior, pensando que cómo era capaz de mentir con tanta naturalidad.

―¡Uy! ¡Estupendo! Hablando de eso mismo… Me temo que necesito los capítulos un poquito antes de lo previsto… Ya sabes, Virginia está que se sube por las paredes y me ha pedido si era posible que se los enviaras… ¿mañana?

―¿Qué? ―casi gritó Miriam―. Esto… quiero decir, ¿mañana no es un poco pronto? Aún faltan tres días. No creo que pueda…

―Cariño, te lo voy a decir por las claras. Virgi quiere saber cómo vas porque hemos apostado mucho por ti. Odio recordártelo, pero eres una escritora novel y el adelanto que te hemos dado tiene que ser recíproco, ¿entiendes lo que quiero decir?

―Sí, pero…

―Pero ¡nada! Ponte a ello, que seguro que estás acabando. Mañana, cinco capítulos y mínimo treinta páginas. ¿Vale, bonita? Venga, te dejo y así terminas antes. ¡Chauuu!

Josefa, cuyo apodo era Jojo por decisión propia, colgó sin darle opción a responder. Miriam miró el móvil con tal angustia que empezó a ver destellos y su corazón comenzó a bombear como una apisonadora.  Se vio teniendo que devolver lo que le habían adelantado porque no iba a tener tiempo para terminar lo que le estaban exigiendo.

Se frotó la cara con energía y puso las manos encima del teclado.

«No voy a perder mi oportunidad porque sé que puedo hacerlo», se dijo sin estar del todo convencida.

Un minuto, dos, diez…

Seguía sin saber cómo continuar la historia que tanto les había gustado y por la que le habían pagado una considerable cifra. Su manuscrito había sido aceptado a la primera; sin embargo, habían quedado varias tramas que requerían un cierre más… apoteósico. La condición para firmar el contrato había sido que, en unos cinco capítulos, diera un giro de tuerca al tema relacionado con el asesino, su detención y el final feliz de los protagonistas.

Se levantó y fue a la cocina. Bebió un poco de agua y se preparó un café. Volvió a la mesa y al dejar la taza, se quemó con el borde.

―¡Ay! ¡Maldita sea! ―dijo en voz alta.

Se llevó la mano a la boca y se quedó mirando el líquido oscuro que humeaba perfumando el despacho.

Levantó la comisura del labio, separó la silla y se dejó caer. La idea que necesitaba para concluir la historia le había llegado de golpe. Sin esperar ni un segundo, comenzó a teclear.

Sintió un escalofrío y el vello de sus brazos se le erizó. El segundo final obligado estaba cerca. Cuando quiso mirar la hora, eran las diez menos cuarto. No había comido; solo había consumido café, taza tras taza.

El esfuerzo había merecido la pena. Miró asombrada en la pantalla el número de páginas que había escrito, treinta y dos.

Ya solo quedaba revisarlo, pasarle el corrector y estar muy atenta por si se le había escapado escribir algún artículo o había repetido alguna palabra. Minucias en comparación con la proeza de terminar en un tiempo récord lo que le habían pedido.

Decidió hacerse un sándwich y volver para dejarlo todo preparado, cuando se fue la luz.

―¿He grabado? ―se preguntó angustiada en voz alta.

Los segundos que tardó en llegar al despacho pasaron como horas. Pero sí, el portátil seguía encendido. No recordaba cuándo lo había hecho, pero el cable de alimentación estaba enchufado y su batería estaba al cien por cien.

Pulsó el icono de grabar varias veces y cerró el documento para crear una copia. Lo abrió de nuevo y allí estaba, su obra terminada a falta solo de un último repaso. Volvió la luz y respiró aliviada.

Esa noche no durmió. Leyó cada página dos veces y añadió varios artículos que se le habían escapado. A las siete de la mañana envió el documento y se fue a dormir.

Sobre las doce una llamada en su móvil la despertó. Era Jojo.

―¿Sí…? ―respondió con voz adormilada.

―Acabas de escribir un best seller.

Con esas seis palabras había nacido una escritora.

Sed felices, y os espero la semana que viene.


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Entrevista a la escritora Charlotte T. Loy

¡Hola a todos!

Hoy os traigo una entrevista muy especial para mí porque es de la magnífica escritora Charlotte T. Loy.

Nunca imaginé que, al comenzar a leer sus libros, nos haríamos tan buenas amigas y que a diario nos apoyaríamos y reiríamos como lo hacemos.

Por si no lo sabéis, tiene una cuenta en Instagram donde nos va deleitando con sus posts y, por qué no decirlo, también nos pone los dientes largos esperando a que publique las siguientes entregas de sus dos sagas. Os recomiendo que la sigáis: @charlottetloy.

Estos son sus libros publicados:

  • El Padre de Lobos: Ocultos en el bosque I.
  • La Cazadora de Bestias: Ocultos en el bosque II.
  • Los Hijos del Viento del Norte: Saga Vampiros.
  • La Furia del Viento del Norte: Saga Vampiros.

Como escritora, su género es el fantástico. Así que, si te gusta leer sobre hombres lobo o vampiros… ¡no te lo pienses! Comienza con cualquiera de las dos sagas porque su forma de escribir es fresca, sencilla y muy adictiva.

Si os apetece comprar sus libros, os dejo mi enlace a Amazon (es de afiliado). A parte de sus libros, tenéis mis recomendaciones de aquellas lecturas que más me han gustado.

Os dejo con la entrevista.

  • ¿Cuándo supiste que eras escritora?

Siempre me ha encantado imaginar historias y escribirlas. Lo primero que escribí fue un relato de aventuras de unas veinte páginas a los doce o trece años. Aunque escribía a menudo, al principio jamás creí que pudiera dedicarme a ello de un modo profesional. Ni siquiera sabía si realmente se me daba bien. No fue hasta el 2008 cuando me lancé a escribir mi primera novela y empecé a pensar que tal vez podría publicar algún día. ¡Y desde entonces ya no he dejado de escribir! Pero ha sido este año cuando al fin he podido dedicarme profesionalmente a esto.

  • Háblanos de tus obras.

Hasta el momento he publicado cuatro novelas.

Por un lado, las dos primeras de la Saga de licántropos Ocultos en el bosque, El Padre de Lobos y La Cazadora de Bestias. Se trata de una historia de romance paranormal, intensa, trepidante y apasionada, con toques de misterio, fantasía y aventura. Disfruté muchísimo escribiéndolas porque la pareja protagonista es divertida y su relación fluye de un modo muy natural. Además, está ambientada en algunos lugares que frecuenté en mi infancia y que para mí son muy especiales. Es una saga para pasárselo bien, emocionarse y sufrir con los personajes, que son valientes y luchan por aquellos a los que aman. Contiene escenas trepidantes y un elenco de personajes muy atractivos, que van ganando mayor protagonismo a medida que avanza la historia.

Por otro lado, las dos primeras novelas de la Saga Vampiros, Los hijos del viento del norte y La furia del viento del norte. Estas fueron las primeras que escribí y es, hasta el momento, la historia más compleja que he desarrollado. Gira entorno al romance oscuro y retorcido entre una abogada de Nueva York y un vampiro de quinientos años. Pero no hay que engañarse: no se trata de una novela romántica, sino de terror; aunque contenga una dolorosa historia de amor con un ser terrorífico nacido de las leyendas más oscuras. Las ideas del destino y la fatalidad, así como las consecuencias de nuestros propios actos, juegan un papel muy importante en la trama, donde la protagonista afronta un perverso dilema moral entorno al hecho de amar a un monstruo y en qué la convierte eso a ella. No hemos de olvidar que se trata de una novela de vampiros, o sea, seres sobrenaturales sedientos de sangre en los que he tratado de aunar los rasgos clásicos de la literatura sobre el género y algunos rasgos más modernos. ¡Siempre he sido fan de este género! A parte de la trama principal, encontraremos a un asesino en serie, un jefe acosador y un policía intachable, entre otros, que enriquecerán la historia a través de su relación con la protagonista.

  • Cómo te inspiraste para crear ambas sagas.

Curiosamente ambas sagas empezaron con una escena en la nieve. Te cuento:

Para la Saga Vampiros, un buen día apareció en mi mente la imagen de un claro nevado en medio de un bosque remoto de Escocia. La nieve estaba salpicada de sangre por todas partes y solo se escuchaba un rugido. Había dos figuras de pie, inmóviles, en medio del claro: un vampiro y una mujer. Esa fue la primera escena que escribí del libro. No recuerdo si la soñé o la imaginé. Pero ahí estaba. A partir de esa imagen, que corresponde a una escena hacia la mitad del libro, construí después toda la novela.

Para completar la idea y darle un pequeño toque de realidad, rebusqué entre diversas leyendas y mitos, y encontré uno que hablaba de los hijos del viento del norte, que eran divinidades originarias de las tierras escocesas. Me pareció una leyenda hermosa y tomé de ella solamente el nombre y el lugar de origen. Inventé todo lo demás, haciendo que los tres hermanos MacDougall, que son los vampiros principales de mi novela, fueran esas tres “divinidades” que sembraban terror a su paso por los poblados escoceses del siglo XVI y posteriores. Además, me paseé por las calles de Nueva York buscando los escenarios donde se podría desarrollar la trama y tomando notas y fotografías para darle una base sólida, aunque después mi imaginación añadió y modificó decoraciones e interiores diversos.

Respecto a la Saga Ocultos en el bosque, la primera escena que imaginé fue el inicio de la novela, cuando el coche de los hermanos protagonistas deja de funcionar en medio de un bosque nevado, en la carretera que lleva hacia su casa. A partir de ahí, decidí que, pese a que sería una novela paranormal, quería que los personajes fuesen muy cercanos y creíbles, como si fueran de carne y hueso, y que la trama estuviera ambientada en lugares que conociera bien para que mis emociones jugaran en favor de la historia. Fui construyendo la novela centrándome en la energía y la química de la pareja protagonista, rodeándolos de personajes secundarios carismáticos y de elementos sobrenaturales.

  • ¿Cómo están funcionando tus novelas?

Pues lo cierto es que estoy muy contenta porque están funcionando bien. Cada día se leen miles de páginas y las cuatro novelas han estado siempre, desde que se publicaron y hasta el momento, en la lista de los 100 más vendidos de Amazon España. Las de vampiros, en terror y ocultismo, y las de licántropos en fantasía paranormal. La de los hijos del viento del Norte suele estar en los primeros puestos y ha llegado a número 1 en varias ocasiones.

Pero lo que más me emociona, por encima de todo, es recibir el feedback de los lectores y saber lo que piensan de mis novelas. No hay nada mejor que enterarte de que alguien ha disfrutado muchísimo leyendo tu libro. ¡Ese es para mí la verdadera recompensa!

  • ¿Cuál es tu próximo proyecto?

¡Cómo me gusta esta pregunta! Porque me salen los proyectos por las orejas… ¡lo que me falta es tiempo!

Pues verás, acabo de terminar una novela romántica contemporánea que estoy revisando para poder publicarla. Es la primera novela que escribo de este subgénero del romance, así que estoy un poco nerviosa y tengo muchas ganas de conocer la opinión de los lectores.

Además, estoy enfrascada en la tercera novela de la Saga Vampiros, La alianza del viento del norte, que espero tener terminada en un par de meses, y después me lanzaré a escribir la tercera de la Saga Ocultos en el bosque, El corazón del lobo. En principio ambas novelas cerrarán sus respectivas sagas. Aunque nunca se sabe…

Por último, tengo otra novela, ya terminada y pendiente solo de revisión, que inicia una nueva saga, esta vez de fantasía urbana y romance.

Bueno, y no os digo nada de los otros proyectos que guardo a medio escribir… ¡y que ya irán llegando!

  • ¿En qué género literario te sientes más cómoda escribiendo?

Me encanta escribir novela romántica paranormal y terror. Creo que esos son mis dos géneros por excelencia, que suelo combinar. Ahora he hecho una incursión en el romance contemporáneo, como te comentaba, y veremos qué tal funciona. Me lo he pasado muy bien, así que supongo que repetiré.

Me gustaría poder desarrollar algún proyecto de novela juvenil o young adult, también en el género paranormal romántico o fantasía urbana. Es mi asignatura pendiente.

  • ¿Qué te impulsó a escribir?

Una necesidad inexplicable, mis emociones, el amor… ¡Si no escribo reviento! ¡Ah!, y también el mar, que suele estar presente de un modo u otro en mis novelas. Es una constante que siempre aparece.

Toda la vida había sentido la necesidad de expresar de algún modo esas emociones que hervían en mi interior y contar las historias que imaginaba. Probé el dibujo y la pintura, pero era un desastre. Entonces me di cuenta de que escribir era lo mío.

  • ¿Cuánto de ti tienen tus personajes?

Diría que cada personaje tiene un trocito de mí. Por un lado, hay personajes con los que no me identifico en absoluto, que se comportan y sienten de un modo completamente distinto a cómo yo lo haría en esas situaciones. Por otro lado, los hay con los que me identifico más fácilmente y con los que a veces expreso parte de mis emociones o ideas. Pero sea cual sea el personaje, al final lo he creado yo, por lo que de algún modo lleva algo de mí misma, ya sea de lo que más amo o de lo que más odio, de mis sueños o de mis pesadillas.

  • ¿Qué haces para inspirarte?

Me dejo llevar por mi imaginación, que nunca se está quieta. ¡Me tiene agotada! Presto atención a cualquier idea, imagen o sueño que aparezca en mi mente de la que pueda salir una buena historia. Nunca he tenido que buscar la inspiración, sino que siempre ha estado ahí. A veces es una canción, una persona, un lugar, un sentimiento… y otras una pesadilla. Pero siempre aparece.

Además, el hilo conductor de todas mis novelas, que es a la vez una de mis fuentes de inspiración a la hora de escribir, es el amor y la amistad incondicionales así como la capacidad de sacrificio de los personajes, enfrentándose a cualquier peligro por oscuro que sea, para salvar a aquellos a los que aman.

  • ¿Qué tipo de escritora eres? ¿De mapa o de brújula?

Acostumbro a empezar a escribir una novela a partir de una escena que aparece en mi cabeza. Esa escena puede ser el principio de la historia o estar en cualquier otro punto de la trama. A partir de ahí, construyo el resto de la novela en mi cabeza. Cuando empiezo a escribir, tengo claros los personajes clave y también todo lo que va a suceder en la historia a grandes rasgos. No suelo hacer esquemas ni tomar notas. Como máximo, apunto en una libreta los rasgos físicos de algún personaje para evitar luego cambiarle el color de ojos o mover de sitio un tatuaje, pero eso es todo. Después, a medida que voy escribiendo, se desarrollan las escenas, surgen nuevos personajes secundarios necesarios, que brotan como setas en mi mente, se genera algún desvío en la trama, se crean los diálogos… Pero, desde que empiezo a escribir, sé de dónde parto y dónde quiero acabar, aunque por en medio pueden ocurrir muchas cosas que me sorprenden.

Suelo desarrollar mis historias de un modo muy visual, como si viera una película en una pantalla de cine enorme, con banda sonora incluida.

  • ¿Qué le dirías a los lectores para que se animaran a escribir?

En mi opinión, para escribir bien hay que leer mucho. Así que si eres aficionado a la lectura… ¡ya tienes la mitad del camino hecho! Ahora solo te falta lanzarte a crear tus propias historias, las que a ti te gustaría leer.

Escribir te permite dar rienda suelta a tus emociones, pensamientos e instintos más profundos, que de otro modo tal vez no te atreverías a expresar. Te permite crear mundos que solo existen en tu imaginación y compartirlos con otras personas. Puedes crear personajes de la nada, que acaban cobrando vida propia y van evolucionando a medida que avanza la historia. En realidad, es como si ellos hicieran lo que quisieran y tú, como escritora, te limitaras a observarlos y narrar lo que les va sucediendo, lo que piensan y lo que sienten. ¡Es fascinante! Se convierten en personas de carne y hueso ante tus ojos. Es como si ya existieran y tú simplemente los descubrieras, pero sin ti nadie los conocería.

  • ¿Dónde podemos comprar tus libros?

Todas mis novelas están disponibles en Amazon en todos los formatos, incluido kindleunlimited.

Muchísimas gracias por esta entrevista. ¡Me ha encantado! Y, sobre todo, muchísimas gracias por leer mis novelas.

Como sé que a estas alturas estáis deseando leer sus libros, os vuelvo a dejar mi enlace a Amazon (es de afiliado).

Sed felices y os espero la semana que viene.


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Relato corto «Desayuna conmigo» 2ª Parte

Hoy os traigo la segunda parte del relato corto. Esta vez no os he hecho sufrir tanto como con el anterior, que fueron siete entregas.

No he podido resistirme a hacer referencia a una de mis películas favoritas de mi adolescencia. Un clásico lleno de romance y aventuras que no te puedes perder. Eso sí, te recomiendo verlo con los ojos del pasado; no puedes ver cine clásico esperando los medios de los que dispone hoy en día el cine.

Para mí, Wesley siempre será el héroe de la trama. Y como tal os lo presento, con el mayor de los respectos y cariño, recordando que es una adaptación muy libre para encajarlo en una historia actual.

Espero que os guste y os leo en los comentarios.

Liz miró a Faith, pero esta no quería darse por vencida. Sin más, contestó:

―¿Y qué más te da? Mira, hay muchas mesas y yo siempre desayuno en esta. Es una costumbre, llevo dos años haciéndolo. Así que, si no te importa…

―Me importa, esta es la mejor mesa del local. Está junto a la ventana y puedo ver pasar los barcos.

―Lo sé, por eso me siento ahí a diario …

―Me parece perfecto ―interrumpió él―. Aunque hoy no va a ser así, a no ser que quieras compartir la mesa conmigo, pero no pienso cedértela por un capricho.

―¿Un capricho?

Ella subió la voz y varios clientes volvieron la cabeza. Liz la regañó con la mirada y dijo:

―Faith, o aceptas sentarte con él o te sientas en otro lado.

Respiró enfadada, pero miró a su amiga y asintió.

―Está bien, pero estás en mi sitio ―contestó hacia el hombre, que no había dejado su pose en ningún momento.

Dibujó una sonrisa, satisfecho por no haber cedido a las exigencias de ella; aunque decidió que podría concederle ese detalle insignificante.

―Claro, qué más da una silla que otra ―dijo cambiando de lugar.

Faith se sentó con media sonrisa de triunfo. Tendría que compartir la mesa, pero al menos estaría sentada en su sitio favorito.

―¿Qué os pongo? ―preguntó Liz, aliviada de que la pataleta de Faith hubiera acabado.

―Cappuccino doble y uno de esos muffins de arándanos, que tienen una pinta estupenda.

Faith lo miró y dijo:

―Yo… lo mismo. ―Liz asintió y se fue hacia la barra―. ¿También vas a copiarme el desayuno?

Él no pudo evitar soltar una carcajada. Ella también se relajó lo suficiente como para sonreír.

―Me llamo Ethan ―dijo, ofreciéndole la mano.

―Soy Faith ―respondió, aceptando el saludo.

Liz se acercó y dejó la comanda. Miró a su amiga y levantó las cejas en señal de que no discutiera más. Faith cerró los ojos y asintió.

Ethan cogió un azucarillo y lo echó en su bebida. Sin ningún tipo de ritual iba a tomar el primer sorbo cuando ella le detuvo.

―¡Para! ¿Qué haces?

―¿Beberme el cappuccino?

―No, así no ―dijo, mientras negaba varias veces―. Primero, cierra los ojos.

―¿Por qué? ―preguntó Ethan sin entender nada.

―Prueba. Tranquilo, no te voy a echar sal en el café; sería un sacrilegio. Hazme caso y disfrutarás de un café increíble.

Él levantó la comisura y le hizo caso.

―Ahora, acércate despacio la taza. Huele el aroma, los matices, el tostado, el dulzor… Siente el calor cerca de tu boca, nota cómo tus sentidos te gritan que bebas y degustes su sabor. Solo un momento más, solo un poco… ―Faith iba hablando mientras ella estaba haciendo lo mismo que le pedía a Ethan―. Ahora, prueba el primer sorbo.

Ambos lo hicieron y abrieron los ojos. Él la miró y dijo:

―Ha sido… increíble.

Faith le mostró una sonrisa sincera y asintió convencida de que había conseguido algo especial, aunque todavía no sabía el qué.

―Me alegro… Nadie hace el cappuccino como Liz… Ahora, el muffin.

―Continúa porque estoy deseando saber qué puedes hacerme sentir con tus descripciones.

Ella frunció los labios aguantando una sonrisa y comenzó a decir:

―Primero, quítale la blonda… ―Con lentitud premeditada, ella misma hizo lo que le estaba pidiendo―. Cierra los ojos y acércatela como has hecho con el café. ―Ambos obedecieron a sus palabras y percibieron todos los olores maravillosos que emanaban de aquel dulce, que se había convertido en algo más que simple comida―. Un instante más, solo un poco. ¿Lo hueles? Azúcar, harina, un toque de vainilla y jengibre, y los frutos, ácidos y dulces al mismo tiempo. Estos pequeños placeres son los que mueven el mundo. Ahora, dale el primer bocado…

―Como desees… ―respondió Ethan, mientras sonreía y daba el ansiado mordisco.

Un placer indescriptible inundó las papilas gustativas de ambos y sus palabras la trasladaron a donde su mente no había conseguido llegar al verlo.

Faith abrió los ojos de golpe y dijo:

―Cary Elwes, ¡eres igual que Cary Elwes!

―¿Y ese quién es? ―preguntó él.

―¿No has visto nunca “La princesa prometida”?

Él negó con la cabeza mientras daba otro bocado a su muffin.

―Pues eres un clon del protagonista ―aseguró ella.

―¿Eso es bueno… o malo?

―Aún no lo sé.

Ambos rieron.

―¿Te parece que desayunemos juntos mañana? Siempre y cuando no te moleste compartir mesa, claro ―dijo él sonriendo y levantando la ceja izquierda.

Faith no pudo evitarlo, frunció los labios y asintió.

A partir de ese día habían comenzado a desayunar juntos a las siete. Pasaron las semanas y cada vez se sentían más felices juntos. Esa semana, en concreto, había pasado algo más lenta para ambos porque ella había tenido que ir a otro estado a concluir un trabajo. Decidieron ir a cenar por primera vez y el resultado había sido la situación en la que se encontraban en ese momento, vibrando y deseando desayunar juntos el resto de sus vidas.

Sed felices y os espero la semana que viene.


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